LA TRILLADORA
Un buen Consejo
PARECE que en el Partido del Bierzo, de cara a una nueva singladura tras las elecciones, están más por adentrarse en la senda de la praxis, llegando a dejar en segundo plano una de las máximas de su ideario político: que El Bierzo recupere su estatus de provincia. Y esa senda no es otra que la de luchar y trabajar por algo que al menos sí es real desde hace más de 16 años: la Ley de la Comarca. Atendiendo, pues, a esa búsqueda de lo práctico, la nomenclatura de dicha ley, así como la de la institución que la ¿ejecuta?, es lo de menos, situándose el auténtico debate donde lleva desde su nacimiento: competencias y financiación. A pesar de ser ya casi un adulto, lo cierto es que el Consejo Comarcal del Bierzo gatea todavía en pañales, y no vamos aquí a entrar a señalar a los culpables de este decrecimiento, pues precisamente la institución berciana ha sido para no pocos la excusa perfecta donde los unos y los otros lanzarse de forma constante y canallesca acusaciones y reproches, entrando en la discusión bizantina de todos y nadie es culpable. Precisamente eso es el Consejo: una permanente discusión bizantina -Bierzo, Bizancio, Bz... ¿tendrán algo que ver?-. Bromas aparte... risas al por mayor; y claro, por no llorar, porque aunque de algunos broten lágrimas de cocodrilo, en otros son de rabia e impotencia al comprobar por ejemplo, como una vez más, la elección directa de consejeros comarcales sigue siendo algo de lo que siempre se habla cuando se acercan los comicios, pero que nunca se afronta con verdaderas intenciones de hacerse realidad. Y es que en este Consejo, todos dan consejos, pero ninguno de los que tienen la sartén por el mango predica con el ejemplo. Más bien... andan a sartenazo limpio. Con un reciente nuevo Estatuto de Autonomía de Castilla y León pactado por PP y PSOE, quizás efectivamente lo más sensato y rentable, atendiendo a su articulado, sea seguir peleando por quitar los patines a una bicleta que todos quieren montar pero sobre la que pocos han demostrado saber pedalear a buen ritmo. Y tampoco debemos olvidar que las instituciones son y se hacen fuertes cuando gozan del respeto de la ciudadanía. Pero ese respeto hay que ganárselo, y ello depende en gran parte de la labor que en ellas desarrollan sus representantes más directos. Y para terminar, un buen consejo: un buen Consejo sería aquel bien dotado para cumplir con la función para la que fue creado.