Ponferrada II
EL PSOE asumió el reto de gobernar Ponferrada en 1979 con un presupuesto de 250 millones de pesetas; el del año 1994, cuando Celso entregó el bastón de mando a Ismael, era de tres mil millones. Fue un proyecto ambicioso y de largo alcance, concretado en «cuarenta soluciones para cuarenta necesidades», ampliamente debatidas, una a una, en asambleas como las de entonces. Había que priorizar para armonizar un territorio desestructurado llevando los servicios mínimos a todos los pueblos y a barrios sin urbanizar como Flores del Sil o Cuatrovientos que se suministraba con agua de pozos; la Puebla Sur tampoco tenía infraestuctura de saneamiento. Aquel programa se cumplió en casi su totalidad, fueron urbanizadas más de cien calles de Ponferrada y plantados 14.000 árboles, se cubrió la presa de la Martina, se duplicó la capacidad física de las dependencias municipales, se entregaron 450 viviendas de protección social, se inició la recogida selectiva de residuos urbanos y se crearon servicios públicos que ahora tenemos como el parque de bomberos, la estación de autobuses, la terminal de camiones, el conservatorio y la escuela de idiomas, los nuevos parques en la Puebla, el Temple, Cuatrovientos y Flores, los centros de enseñanza desde la UNED a las escuelas infantiles pasando por los institutos y colegios públicos y casas de acogida y una red de centros cívicos pionera en Castilla y León, además del nuevo hospital, el teatro Bérgidum y el museo del Bierzo, y se firmó el convenio con MSP para recuperar nuevos espacios para la nueva Ponferrada. Pero el proyecto estrella e aquella larga etapa de gobierno municipal fue el diseño y desarrollo del polígono de las Huertas concebido como una ciudad de servicios dentro de la Puebla, con amplias avenidas y plazas, espacios públicos arbolados y aparcamientos gratuitos, además del puente que transformó el Camino Negro en la Avenida de la Libertad, el parque de la Concordia, la casa de la cultura, los centros docentes a todos los niveles, el Palacio de Justicia, el de la Policía y una red de viviendas cooperativas que no dejaron un sólo resquicio para la especulación. Si añadimos que aquella nueva realidad no fue ni siquiera inaugurada, estaremos marcando el sello de aquella administración poco dada a los fastos públicos; no se si esto es un elogio o una crítica, pero en todo caso fue una administración honesta y austera que trabajaba con lo que había, el mobiliario urbano propio de aquellos tiempos de vacas flacas.