Y la sangre no llegó al río
La andanada | pedro vicente
Ex istía cierta expectación por ver cómo discurría el primer cuerpo a cuerpo entre la Junta y la oposición tras el mitin de El Toralín, en el que Zapatero alentó a sus huestes a «cantar las cuarenta» al gobierno de Juan Vicente Herrera. Las cargas lanzadas en Ponferrada contra el ejecutivo autonómico no gustaron nada ni a la Junta ni al PP de Castilla y León, que contraatacaron inmediatamente dedicando al inquilino de La Moncloa las descalificaciones de rigor. En su pregunta, centrada en los Presupuestos de la Comunidad para el 2011, la portavoz socialista, Ana Redondo, no cantó las cuarenta a la Junta con mayor énfasis del habitual. Incluso podría decirse que su critica fue menos vehemente que en otras ocasiones. Su principal reproche fue que son unos Presupuestos excesivamente «prudentes», lo cual no es precisamente como para zaherir a nadie. Tampoco parecen palabras gruesas lo de calificarlos de «restrictivos» (en la inversión) e «inmovilistas» (por mantener la misma estructura administrativa). A tono con intervención tan comedida, Herrera también estuvo de guante blanco.
Remarcó que el descenso en un 21 por ciento de las inversiones presupuestadas por la Junta sigue siendo bastante inferior a la caída -que cifró en un 30 por ciento- de ese mismo capítulo en los Presupuestos Generales del Estado con respecto a Castilla y León. Animó a los socialistas a presentar, junto con su enmienda a la totalidad, unos Presupuestos alternativos a los de la Junta y terminó utilizando una frase del propio Zapatero: «A base de adjetivos no se mejora ningún proyecto». Y de ahí no pasó la cosa. Vamos que la sangre no llegó el río. Puede que la clave del perfil bajo de la confrontación dialéctica entre Redondo y Herrera tenga su explicación en la respuesta que acto seguido ofreció el presidente de la Junta a la pregunta formulada por Joaquín Otero en torno a la situación del Plan de Convergencia Interior. A través de esa respuesta nos enteramos de que la Junta y el PSOE están en plena negociación para desatascar dicho Plan, que a estas alturas del año sigue sin ponerse en marcha. Herrera se mostró confiado en alcanzar en breve un acuerdo para recuperar el consenso y con el la aportación suplementaria a la que se había comprometido el Gobierno central. Y, claro, no parece muy lógico que si por la mañana se sientan a negociar, por la tarde se tiren los trastos a la cabeza públicamente y de mala manera. Villanueva no deja de ser sorprendente que la sacrificada para hacer hueco al futuro presidente haya sido la socialista Olga Palacio. Una paradoja más del opaco pacto político que ha alumbrado la nueva Caja. Otero se encargó asimismo de suscitar de nuevo el problema del carbón, preguntando al consejero de Economía por la estrategia de la Junta ante las impugnaciones anunciadas contra el Real Decreto. Aunque el procurador leonés se refirió tanto a la ofensiva emprendida por las compañías eléctricas como al frente político constituido en Galicia, Tomás Villanueva cargó las tintas exclusivamente contra las primeras. Villanueva no ocultó su malestar ante la postura adoptada por el que califico «lobby del gas y la electricidad», al que reprochó su falta de compromiso social con Castilla y León. «Tomamos nota de la actitud de estas compañías», dijo el consejero y a la sazón vicepresidente económico de la Junta. De la Xunta de Galicia, ni pío. Por lo demás, el pleno de las Cortes formalizó ayer el trámite de designar a Evaristo del Canto como nuevo consejero general de la Caja fusionada, paso previo a su acceso al Consejo de Administración y a la presidencia.