Bajo la espada de Ponferrada
La andanada | pedro vicente
Era el primer pleno celebrado por las Cortes tras la tormenta desatada por la moción de Ponferrada y ello había despertado cierta expectación. Se trataba de ver cómo discurría la actuación de Óscar López en su papel de oposición y si la Junta, que ha venido cargando las tintas contra el portavoz socialista, aprovechaba y seguía utilizando el episodio contra el portavoz socialista. No hubo lugar, ya que dos no discuten si uno no quiere. Y López, consciente de su debilidad, se cuidó mucho ayer de no meter los dedos en la boca al presidente de la Junta, realizando una pregunta sumamente neutra a Juan Vicente Herrera y, sobre todo, evitando la menor crispación.
El resultado fue un debate de guante blanco en torno al socorrido asunto de las previsiones macroeconómicas, sin el menor reproche del jefe de la oposición hacia el gobierno autonómico. Lo máximo a que se atrevió López fue a sugerir cambios en la orientación de la política económica, sin concretar ninguno de ellos, más allá de que la Junta solicite del gobierno Rajoy que si Europa flexibiliza el objetivo de déficit, ello tenga reflejo en las comunidades autónomas. Con un interlocutor que más parecía un socio de gobierno que el portavoz de la oposición, la respuesta forzosamente tenía que tener ese mismo tono sosegado exento de la menor acritud. No se recordaba en el hemiciclo una pregunta tan poco beligerante hacia el presidente de la Junta desde que Joaquín Otero dejó de ser procurador.
Bastante más calado tuvo esta vez la pregunta del procurador de IU, José María González, quien preguntó a Herrera su posición sobre el «desmoronamiento» de la industria auxiliar de la automoción y del sector de la energía eólica. El presidente de la Junta calificó de «exageración» utilizar el término de «desmoronamiento» para calificar la situación de dichos sectores y rechazó tajantemente que sus dificultades tengan relación con las políticas de ajuste. Y en este punto González y Herrera discreparon abiertamente en torno a los efectos de la reforma laboral. El hecho es que el incesante rosario de ERE que están debilitando el precario tejido industrial de esta comunidad tuvo abundante reflejo en la propia sesión parlamentaria de ayer. Al punto de que, en respuesta a sendas preguntas de procuradores socialistas, el consejero de Economía, Tomás Villanueva, certificó la próxima defunción de dos empresas con plantillas superiores al centenar de trabajadores. Una es la planta de la multinacional Alston en Coreses (Zamora) y otra la papelera Cartisa, ubicada en Arroyo de la Encomienda (Valladolid). En total, 238 trabajadores condenados a engrosar las listas del paro.
Por su parte, la consejera de Hacienda discrepó sobre la negativa evolución de las exportaciones desde Castilla y León. Pilar del Olmo y el socialista José F. Martín se acusaron mutuamente de mentir, algo que suelen hacer en casi todas las sesiones plenarias. «Para sonrojo, lo que han hecho ustedes últimamente», soltó en pleno rifirrafe la consejera en lo que puede interpretarse como una alusión a lo de Ponferrada. Pero lo cierto es que nadie de la Junta pronunció ayer el hemiciclo el nombre de la capital berciana. La «autocensura» de Óscar López lo hizo innecesario.