Alarma por el aumento de princesas de cristal
Los especialistas advierten un repunte de anorexias y bulimias en los últimos meses.

Una niña afectada por el problema muestra su cuerpo.
No es un trastorno nuevo. Ni siquiera un invento de la sociedad moderna. Existen descripciones históricas, como la de Santa Catalina de Siena, que ya hablan de anorexia a finales de la Edad Media.
Pero es en la actualidad, con la importancia que se le otorga al culto al cuerpo, cuando la anorexia y la bulimia se hacen más palpables. Y en los últimos meses, los expertos alertan del aumento de pacientes. De un mayor número de las llamadas ‘princesas de cristal’.
«Hemos notado un repunte clarísimo y tremendo de trastornos alimentarios», destaca la doctora de la unidad de psiquiatría infanto-juvenil del Clínico de Valladolid, Soraya Geijo, donde se derivan los ingresos de todo tipo de desórdenes psíquicos de Castilla y León de los menores.
«Llevamos seis años de funcionamiento y al principio teníamos algún caso, pero en los últimos meses hemos llegado a tener seis de las ocho camas de la unidad ocupadas por anorexia, y la media está en el 50%», añade la especialista.
El problema no sólo se observa en los adolescentes. Las cifras del servicio sanitario de Castilla y León también corroboran este repunte en el resto de la población. Si en el año 2011 se contabilizaron en Valladolid 164 casos de anorexia, en 2012 se llegó a los 169. Y a nivel regional, se constató un 1,7% más de diagnósticos. Además, en el cómputo total de la Comunidad, los casos de bulimia crecieron un 6,2%.
También la Unidad de Referencia de Trastornos de la Conducta Alimentaria (URTA) de Burgos, donde se derivan los casos más graves de adultos, avala el repunte de los trastornos alimentarios. En lo que va de año han tratado a 32 pacientes, frente a los 50 del año pasado y los 46 de 2011, por lo que prevén un aumento significativo si continúa la tendencia.
A pesar de que la media de los enfermos atendidos en Valladolid se sitúa por encima de los 30 años, todos los especialistas coinciden al rebajar la edad de inicio hasta la adolescencia, «cuando empiezan a ver curvas en su cuerpo», indica el psiquiatra Blas Bombín. «A partir de ahí empiezan las distorsiones perceptivas».
A ese cambio físico le suele acompañar el comentario de alguna persona dentro de su círculo de amistad, que se convierte en detonante de la enfermedad. «Si tiene hipersensibilidad supone un trauma que le digan que ha engordado, y pondrá todo su empeño en que no se lo vuelvan a llamar», explica el profesional.