La agroalimentación emplea ya a 36.884 trabajadores

Exhibición de productos agroalimentarios de la provincia de León.
Si importante es la cifra de negocio para el devenir de la economía de un territorio, en este caso Castilla y León, el empleo es el principal indicativo para saber si las cosas están yendo del todo bien. Y aquí, como en el volumen de ventas, los datos también son taxativos.
El sector de la agroalimentación emplea ya a 36.884 trabajadores en toda la Comunidad y lo que es más importante, con un crecimiento del 25% durante los últimos diez años, pese al estallido de la crisis en el 2008, que frenó el crecimiento que en cuanto a empleo venía experimentando el sector.
Una tendencia a la baja que se volvió a romper hace un año, con una subida de la contratación del 2,62%, según los datos de la consejería.
En cabeza
En estos últimos diez años, sólo cinco comunidades –Castilla y León, Castilla-La Mancha, Murcia, Navarra y Extremadura– vieron cómo aumentó el número de contrataciones en el sector de la agroalimentación. Y de éstas, Castilla y León es la que experimentó una mayor subida con ese 25%, que significa 15 puntos más que la segunda, Castilla-La Mancha que creció un 10%.
Los 36.884 trabajadores de la industria agroalimentaria representan ya el 29% de todo el empleo industrial de la Comunidad, superando claramente a sectores tan significativos como la metalurgía —16.642 empleados— y el de material de transporte —15.136—. Además, las cifras de empleo industrial de Castilla y León se redujeron un 8%, en el mismo periodo en las que crecieron las de agroalimentación.
Una consecuencia inmediata de este desfase es que el peso del empleo de la industria de la alimentación y bebidas en el goblal de la industria autonómica gana importancia, al pasar del 21% de hace diez años al 29% actual. Y, como ya sucediera con la facturación, el empleo agroalimentario también representa el 10% del total de esta industria.
Pero si importantes son estas cifras, mucho más es el hecho de que el 60% del empleo creado por las nuevas inversiones dentro del sector agroalimentario se ubicó en el medio rural, por lo que supone de freno para la despoblación de los pueblos y porque generó, en muchos casos, alternativas complementarias al carácter temporal de ciertas producciones agrarias.