Una unidad sin lista de espera
La Unidad de Insuficiencia Cardíaca Avanzada pasa más de 1.000 consultas al año. Practica técnicas punteras; es noticia por la polémica sobre la continuidad de los trasplantes. Para aceptar un canditado a trasplante realiza 23 actuaciones previas. Ha valorado a 37 en 2013. .

Antes de un trasplante tiene que cumplirse un largo protocolo para la valoración.
Suena el teléfono y Amada responde. Al otro lado, su interlocutor está nervioso, se siente fatigado, no respira con normalidad. Es paciente crónico de insuficiencia cardíaca avanzada y utiliza el teléfono de atención directa. Amada es una de las enfermeras. Reacciona al instante. Consulta rápidamente con los médicos si José Luis debe acudir al hospital.
Dos enfermeras y dos cardiólogos forman el núcleo de uno de los equipos más punteros en su especialidad: la Unidad de Insuficiencia Cardíaca Avanzada y de Trasplante del Hospital Clínico de Valladolid.
Aquí no existe lista de espera para consulta. Pasan más de 1.160 al año a pacientes con insuficiencia cardíaca grave de toda Castilla y León —5150 desde 2008— y además reciben 200 llamadas anuales y otros tantos correos electrónicos de enfermos crónicos a los que cada día responden. «El trasplante no es lo único que hacemos. Hay muchas otras cosas. El trasplante es el final. Cuando todo fracasa, llegamos a él», indica Luis de la Fuente, coordinador.
Actividad
Hasta alcanzar ese punto, la actividad diaria de esta parte del servicio de Cardiología entraña numerosas —algunas sofisticadas— intervenciones encaminadas a evitarlo. Podría decirse que el trasplante divide su trabajo en dos. Una primera parte tratando de que el paciente mejore con otros tratamientos y la segunda, conseguir que se realice con éxito.
Los cardiólogos Luis de la Fuente y Javier López y las enfermeras Amada Recio y Rebeca Sancho continúan como a diario revisando el correo electrónico, respondiendo al teléfono y pasando consulta pero con la novedad de que ocupan titulares en los medios ante la polémica sobre el mantenimiento del programa de trasplantes en Castilla y León.
Todo por el revuelo causado tras el anuncio de que la unidad se aliará con la del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y ambos constituirán, junto al Clínico de Salamanca y otros dos centros de Madrid, una red integral de investigación en cardiología.
Sin haberse fijado aún los términos de esta alianza, permanece la incógnita sobre si los trasplantes seguirán realizándose en el Clínico, hospital de referencia autonómica, o se efectuarán en el Gregorio Marañón.
Mientras, los facultativos quieren despejar dudas sobre algunas certezas. «La unidad sigue. Los tratamientos alternativos han avanzado mucho y gracias a ellos y a lo que hacemos aquí los trasplantes han descendido considerablemente», remarca el coordinador.
Rutina de la planta
La rutina diaria de la séptima planta pasan por las consultas del cardiólogo y algunas de ellas derivan en la de enfermería. Amada o Rebeca explican al enfermo con insuficiencia cardíaca grave «cómo debe seguir con su vida». Dieta, hábitos saludables... le enseñan cómo identificar los síntomas de alerta y controlan su medicación.
Entre tanto, en salas cercanas, otros pacientes con similar patología están sometidos a distintas pruebas. O bien caminan por una cinta para comprobar cuánto oxígeno consumen —ergoespirometría (realizan 250 al año)— o midiendo su ritmo y frecuencia cardíaca. Estas pruebas básicas coexisten con otras más exclusivas.
De hecho, la unidad es líder en terapia celular aplicada a corazones infartados. Habitualmente estos cardiólogos prescriben marcapasos resincronizadores de última generación o valoran al enfermo para realizar una técnica de vanguardia «que sólo se hace en otros cuatro centros en España, en Barcelona, Córdoba y Málaga». Se llama mitraclip y es una intervención que evita la cirugía —y el riesgo que ésta conlleva— para poner mediante un catéter una prótesis a pacientes con válvula mitral insuficiente.
Ya han practicado 13 desde la primera vez que la aplicaron hace año y medio. «Gracias a esta intervención hay quien no ha requerido trasplante», explican. Esta es una de las fortalezas de esta unidad, que cuando sea compartida probablemente realizará esta prueba a los pacientes del Gregorio Marañón.
Otro tratamiento en el que van en cabeza —lo han publicado en revistas especializadas— es la de administrar por vía subcutánea de diuréticos recomendados cuando el paciente empeora, en vez de por vía oral o intravenosa que es lo más frecuente. «Así logramos que no necesiten ingresar», dice De la Fuente.
Esto responde a la filosofía del servicio: «El paciente está mejor en su entorno, en su casa. Intentamos dar comodidad», indica.
Aunque son cuatro ‘en nómina’ no trabajan solos. Les complementan especialistas de muchas otras unidades como la de arritmias o la de hemodinámica, donde se hacen los cateterismos.
Valoración
Si todo lo anterior no funciona, comienza una incierta y decisiva fase. La de valoración para un trasplante. 37 candidatos han pasado por este ‘ritual’ este año. Los médicos realizan 23 actuaciones antes de saber si la persona es idónea para esta operación. «Cambiar un corazón es muy complejo. Hay que asegurarse de que el paciente está preparado», apunta el coordinador.
Estos 23 procedimientos incluyen pruebas tan dispares como de función renal, respiratorias o examen odontológico.
Sólo once personas han cumplido este año los requisitos. Tres han recibido ya un corazón nuevo y ocho continúan a la espera. Además, otros cinco pacientes están siendo valorados actualmente.
Si el día llega y el Centro Nacional de Trasplantes llama al hospital informando de un posible donante se localiza al receptor y el cronómetro avanza a un ritmo vertiginoso. Se moviliza en tiempo récord a un equipo multidisciplinar de cerca de 30 profesionales. Cirujanos cardíacos, anestesistas, vasculares, expertos en arritmias, en imagen...
Desde su inicio en 2001 han llevado a cabo 22 trasplantes urgentes de los 104 efectuados. Ahora quedan ocho futuros receptores a la espera de que sea su teléfono el que suene.