Diario de León
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ernesto escapa
León

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Recién estrenado el calendario, es urgente aprovechar el reto de la cuesta de enero para empezar a cumplir con los deberes en descuido. Aplazados por rutina. Los cortesanos de la Autonomía han tomado la iniciativa, al declarar hábil este mes para el trámite de tres leyes en curso, una comisión de sintonía con Europa y los informes del Tribunal de Cuentas. Hay tarea y la institución va a tener la calefacción encendida durante la temporada del frío, así que sería razonable aprovechar el gasto para desbrozar también el bosque de las comparecencias incumplidas.

Me refiero, claro, a ese estrafalario capítulo que acumula la deuda de información de los consejeros de la Junta sobre asuntos de sus departamentos que la oposición estima perentorios. No es presentable tener consumida más de media legislatura sin dar respuesta a requerimientos continuados y pertinaces. Algo falla en el procedimiento y lo mejor es corregirlo antes de que degenere aún más.

En 2014 se cumple el centenario de nuestro filósofo doméstico Julián Marías, que nació en la Casa del Príncipe de la Acera de Recoletos vallisoletana el día de San Ismael. Suyo fue este envite para el cambio de año: «La muerte todo lo iguala, pero la vida no, y de lo que se trata es de vivir». Pues por ahí. La presidenta de las Cortes es una mujer inquieta y reformista, que no debiera dejar que se le amojame la institución, víctima de la persistente asimetría electoral.

Porque no es presentable que se acumulen solicitudes de comparecencia incumplidas de los consejeros de la Junta, sin que pase nada. O carecen de sentido las peticiones o son inadmisibles los desdenes. En cualquier caso, el espectáculo resulta insufrible. Una fórmula de arreglo, ahora que vamos a tener la institución activa en enero, sería agrupar las demandas, de manera que resulten atendibles en estos días y mengüe el bulto de los incumplimientos.

Es un trabajo que corresponde a los integrantes de la Mesa de las Cortes, donde se sientan algunos de los políticos mejor pagados al norte del Guadarrama. Para ir haciendo labor.

Además, urge revisar en sede parlamentaria el espinoso y cruento batacazo de las Cajas de Ahorros, a estas alturas todas ya difuntas o en proceso de extinción. Porque no se hizo a su debido tiempo. Durante décadas, el único punto siempre unánime de los plenos ha sido el reparto de asientos para el gobierno de las entidades de ahorro. Cada grupo feliz con su tajada, de Ávila a Burgos, de Soria a Salamanca, de Segovia a Zamora, de Palencia a Valladolid y a León. Aquel prorrateo se convirtió en una fórmula de pagar favores garantizando el retorno. Sin control ni mesura, bastante a lo loco. De ahí lo que vino. Las primeras alarmas saltaron cuando aquellos serviciales vicarios empezaron a mostrar cuál era su interés. Sin ningún pudor.

El derrumbe final afectó al empleo y también al servicio debido a nuestra gente dispersa por el territorio. Nunca a los gestores de la catástrofe. Y ha dejado un rastro de abusos y engaños sobre la clientela cautiva de esas entidades que van resolviendo a su ritmo exasperante los juzgados. Es tal su número, que a muchas víctimas ya no les alcanzará la reparación en vida. Y se trata precisamente de eso: que no les amarguen sus días.

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