El fin del mundo del silencio

. Los dos hospitales de referencia en Salamanca y Valladolid realizan medio centenar de implantes cocleares al año, pero los usuarios denuncian «precios abusivos» en el mantenimiento de los aparatos.

El jefe del servicio de Otorrino en el Río Hortega de Valladolid, Luis Ángel Vallejo.

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ALICIA CALVO | Valladolid
León

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Un cable minúsculo, que, por cierto, se suele soltar cada cuatro o cinco meses, 180 euros; pilas de recambio ?(cada dos o tres días se reponen) casi 100 euros al mes; la carcasa, 1.000 euros... y un largo etcétera de piezas de un elevado coste que no forman parte de un dispositivo electrónico accesorio, de ocio o un capricho, sino de uno que conecta el cerebro con el mundo sonoro: un implante coclear. Aquel que permite a una persona con sordera abandonar el mundo del silencio y percibir el sonido, mediante la estimulación eléctrica de las fibras nerviosas de la cóclea.

2013 ha sido el año en el que los implantados cocleares han llevado sus reivindicaciones hasta el Congreso y hasta miles de hogares por la repercusión mediática de su campaña ‘Queremos oír dignamente’, nacida en Internet. Más de 60.000 firmas apoyaron una iniciativa por la que piden terminar con el monopolio de tres firmas de fabricantes de estos dispositivos que fijan «altos precios», sobre todo para el mantenimiento.

«¿Te imaginas tener que dejar de oír por no tener los suficientes recursos económicos para pagar una rotura de un cable o el cambio de un procesador obsoleto?», se plantean en sus reivindicaciones, en las que reclaman mayor accesibilidad.

170 familias forman parte de la Asociación de Implantes Cocleares en Castilla y León. Su presidente, Juan Zamora, explica que les preocupa «las renovaciones de los procesadores porque ya hay aparatos que son antiguos». «Estamos pendientes de que Madrid decida para toda España algún tipo de copago y eso sería muy malo porque el aparato es muy costoso».

En España existen cerca de 10.000 implantados y 750.000 en todo el mundo. «Somos un colectivo pequeño, 15 implantados por cada millón de habitantes, no resultamos interesantes para las farmacéuticas», señala el presidente de la asociación.

Juan Zamora, a su vez padre de una hija con este implante, asegura que el monopolio «es más terrible una vez que se pone una marca, pues hay que seguir toda la vida con ella, no existe opción de divorcio y las piezas de un dispositivo de una firma son incompatibles con las otras».

El jefe de Otorrinolaringología en el Río Hortega de Valladolid, Luis Ángel Vallejo, explica que la Sanidad Pública «corre con la cirugía y la programación», pero el aparato, luego es cosa del paciente. «Es gravoso, si se moja se estropea... Y_van saliendo mejores. Los de ahora nada tienen que ver con los de antaño. Son sofisticadísimos y permiten capacidades auditivas más grandes», expone.

Ante estos avances, los usuarios desearían poder renovarlos con más frecuencia o recibir subvenciones para reponer piezas que a menudo fallan.

Natalia y su marido son de Valladolid y padres de un joven que nació con sordera profunda y oye desde los dos años gracias a esta operación. Ambos lamentan que estos progresos no estén al alcance de cualquiera. «Todos querrían oír mejor. Son precios desorbitados y prohibitivos. Una barbaridad. Cobran muchísimo por piezas que no tendrían que valer casi nada. Se sirven de que no te queda más remedio», denuncian. Este matrimonio, igual que otros usuarios de la asociación, protestan por no recibir ayudas públicas «ni para las pilas». «En Andalucía les pagan las pilas y los cables, y en Madrid, al menos, las pilas, pero en Castilla y León, nada».

En esta Comunidad los implantes cocleares se realizan en dos hospitales de referencia, en Salamanca y Valladolid. Los otorrinos de la capital vallisoletana reciben pacientes de Palencia, Segovia, Burgos y Soria. Mientras los de Salamanca, del resto de provincias, León, Ávila, Zamora y Segovia.

En la primera mitad del año han operado una veintena en total. Catorce en el Complejo Asistencia de Salamanca y seis en el Río Hortega de Valladolid. Más otro realizado de manera excepcional en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

A falta de las cifras acumuladas a final de año, la media anual en la Comunidad ronda el medio centenar de intervenciones. En 2012 se efectuaron 54. El Río Hortega implantó 15 y el Complejo Asistencial de Salamanca, 37. A esto se suman dos implantes puntuales. Uno en el Complejo Asistencial de León y otro en el Clínico de Valladolid.

El responsable del servicio en el Río Hortega explica que los receptores idóneos son «pacientes con pérdida de audición en ambos oídos. Una hipoacusia severa o profunda de más del 80% en la que los audífonos no sirven».

Sobre la edad, lo más recomendable, los niños. «Si a un niño que nace sordo le implantas inmediatamente tiene más probabilidades de éxito, sobre todo en su primera etapa de desarrollo hasta los tres años. Le va a sacar mucho más rendimiento que si tiene cuatro o seis años», indica Vallejo, quien incide en que lo «óptimo es ponerlo lo antes posible desde que el paciente deja de oír para obtener mejores resultados», comenta refiriéndose también a adultos.

Respecto al proceso, Luis Ángel Vallejo explica que lo realmente decisivo llega tras la cirugía. Transcurrido aproximadamente un mes, el hospital programa por primera vez el implante y «abre los canales» del dispositivo para que el paciente perciba el sonido. Ahí se programa uno a uno cada electrodo para que éste discierna agudos y graves con la mayor precisión. Pero «la clave está en el entrenamiento y rehabilitación posterior».

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«Cada caso responde de una manera», indica el jefe de otorrino del Río Hortega. «Al principio escuchan ruidos, después poco a poco van comprendiendo mejor». No todos lo logran por igual, las limitaciones de cada usuario dependen de si había oído antes, de la edad de implantación, de la rehabilitación... «Por mucho que los algoritmos estén mejorados, algunos perciben un sonido metalizado, hay quien puede mantener una conversación telefónica y quien no... El trabajo con el logopeda es fundamental».