«Al final España se va a llevar a la crisis por delante con el esfuerzo de los españoles»
Rajoy insufla moral al PP y elogia la heroicidad de los ciudadanos: «Nos hemos rescatado nosotros solos». . Vapulea a Rubalcaba: «O te callas o reconoces el mérito de la gente». No concreta la bajada de impuestos, pasa de puntillas por la corrupción y elude la ley del aborto.

Mariano Rajoy durante su discurso de clausura, en el que dio el pistoletazo de salida a la carrera hacia las urnas.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se enfundó ayer el maillot mitinero y dio por inaugurada la carrera hacia las urnas. En su discurso de clausura en la Convención Nacional del PP, en Valladolid, presentó a un país que, si hace dos años estaba «al borde de la quiebra» y como un «páramo abandonado», hoy se está «levantando».
El mérito del milagro se lo atribuyó a la «fortaleza» de su partido, pero también a la «responsabilidad» de los ciudadanos, a los que convirtió en héroes a lo largo de una intervención interrumpida en numerosas ocasiones por los aplausos de un auditorio entregado a su líder.
«Al final, los españoles nos hemos rescatado nosotros solos. Toda España cargó con el trabajo adicional de intentar que nadie se quedara en la cuneta. Muchos creían que la crisis se iba a llevar por delante a España y al final es España la que se va a llevar a la crisis por delante gracias al esfuerzo de los españoles», sentenció.
El presidente del PP insufló moral a los suyos, infundió «esperanza» a los ciudadanos y fustigó sin piedad al secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba: «Si tú eres parte destacada en la causa de ese calvario, o te callas o reconoces el mérito de la gente», le dijo de tú a tú, sin nombrarle.
El líder de la oposición le replicaría luego en un post: «No, no me voy a callar, y le exijo a usted que hable. Que explique cómo se financió su partido durante años, también desde que usted lo preside; que explique su vinculación con el caso Gürtel, que es el caso PP; que aclare su relación con el señor Bárcenas, el que fuera su hombre de confianza y hoy está en prisión».
Rajoy arrancó ayer la maquinaria electoral de los populares, convencido de que [al menos de aquí a las autonómicas y municipales] lograrán «restaurar en su plenitud el vínculo de confianza» con los ciudadanos-votantes. «Hablad a la gente, decidle la verdad, para que sepa qué hacemos, por qué lo hacemos y qué nos falta por hacer. Decidle que vamos a ser leales con nuestro compromiso», arengó a los suyos.
Y sobre ese esquema construyó el presidente su discurso. Trazó primero una radiografía de la herencia recibida y resumió el «plan» diseñado para «detener el hundimiento, evitar el rescate y recuperar la confianza».
Y, en todo ese proceso del resurgir de España que describió, involucró de lleno a los españoles, a los que dio las gracias por su contribución, con sentencias solemnes como «su actitud fue el primer paso del cambio» o «asumieron los sacrificios cuando era más difícil aceptarlos».
«Ha sido un éxito de los españoles. El Gobierno lleva bien las cuentas públicas, pero quien las cuadra es el esfuerzo de los españoles, del pensionista, del funcionario, de cada una de las familias españolas. Y no es que les guste sacrificarse o que disfruten con las estrecheces. Ocurre que entendieron y confiaron», continuó, en su operación reconquista del votante desencantado.
El otro guiño fue para los responsables populares que en estos dos años han debido gestionar la crisis y, sobre todo, el descontento social, y asumir el desgaste. «Hicimos lo que debíamos hacer. No lo más popular, sino lo necesario. No lo más fácil, pero sí lo más responsable» (...) «Habéis cumplido con vuestro deber y eso es un motivo más de orgullo para este partido», dijo tras agradecer la «complicidad y colaboración» de ediles y de presidentes y consejeros autonómicos.
Rajoy combinó las inyecciones de ánimo con dosis de autoestima. «Nadie nos ha regalado nada (...) Alguien en este país tiene que reconocer lo que fuera reconocen todos (..) alguien tiene que decir a los españoles que lo están haciendo bien, que sus sacrificios no son en balde», enfatizó.
Y fue al hilo de este mensaje cuando se encaró con la oposición socialista, y en particular con su líder, por haber sido vicepresidente primero del Ejecutivo de Zapatero y, por tanto, responsable directo del «descalabro» de España.
Rajoy reprochó a Rubalcaba sus críticas constantes «a cada decisión adoptada», la «esclavitud de sus consignas» que le impide admitir el «cambio en la buena dirección» dado al país, y su afán por «sembrar el desánimo». «¿Cómo es posible que venga alguien y diga a los españoles que ‘no se ha hecho nada’? (...) Lo que pido es un poquito de respeto a las esperanzas de la gente y a esos agobios que está sufriendo sin haberlos merecido», dijo rotundo.
«No le digas que se sacrifica en balde. No le ocultes la verdad de la recuperación como antes le ocultaste la del hudimiento», remató a su adversario, entre una larga ovación azul.
El presidente del Gobierno se agarró a los indicadores macroeconómicos para resaltar los resultados de su gestión. Admitió que aún no ha «corregido» del todo la situación ni «resuelto todos los problemas», que la mejoría todavía no se percibe en la calle, pero a continuación prometió que estos cambios «dejarán pronto su huella en la lista de la compra de cada familia».
«Ahora podemos decir, sin faltar a la verdad, que a partir de ahora mejoraremos paulatinamente y la gente lo notará. No en un día ni un mes, pero lo notará», aseguró. «No puedo prometer que vayamos a recuperar nuestro bienestar en un solo día, pero sí que cada día que pasa estamos más cerca de recuperarlo», agregó.
En clave de futuro, Rajoy comprometió que continuará con su agenda de reformas para «cambiar la realidad española», y ahí citó la fiscal, aunque la esperada concreción sobre qué impuestos bajarán, cuándo y cómo no llegó.
El jefe del Ejecutivo se limitó a afirmar que «no será un mero retoque o un ajuste a la baja», sino una reforma «integral» y acorde con los principios de «solidaridad y redistribución», que se prolongará durante varios años. El sistema irá a un modelo más «simple y equitativo, que dé flexibilidad al sector privado, sirva para estimular la economía e incentivar el ahorro». «Ahora podemos hacer esa reforma fiscal de acuerdo con lo que decía nuestro programa electoral», resumió.
Tampoco arrojó luz el presidente sobre la reforma de la financiación autonómica, más allá de asegurar que garantizará el «acceso igual de todos los españoles a los servicios públicos fundamentales», una obviedad, en tanto éste es un derecho consagrado en la Constitución.
Rajoy no hizo en este punto el más mínimo esfuerzo –al menos de forma pública– por aliviar, entre otros, al presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, que el día anterior se había confesado «disgustado» por las conclusiones inciertas e injustas que, en su opinión, recoge el informe preliminar de los sabios de Montoro.
Se echó en falta algún guiño a la Comunidad anfitriona, un granero inagotable de votos para el PP. Pecó el presidente por omisión de tener algún gesto de reconocimiento a un Herrera siempre leal.
Rajoy pasó de puntillas también por la corrupción, más allá de asegurar que con la Ley de Transparencia y otros cambios en el Código Penal, el PP hará «lo que esté en su mano» para «erradicarla». Y no mencionó la reforma del aborto.
En un discurso en clave económica, se refirió al desafío independentista de Cataluña para reafirmarse en que no permitirá la desintegración de España, y al terrorismo, cuyo único «fin aceptable» pasa por «la disolución incondicional de ETA».