Diario de León
Publicado por
ernesto escapa
León

Creado:

Actualizado:

Los proyectistas externos, bien sean de gabinete o académicos, tienen mucho peligro, porque siempre procuran complacer a quien paga su trabajo y además facturan sin miramientos. Por eso, sus conclusiones nunca deben ser asumidas como verdades de barquero, porque un día alumbran de frente y después al tresbolillo. Acaba de pasarnos en casa, antes de que el postín de la convención popular derivara en resaca. Para aguar la fiesta, unos listos alquilados por Montoro anuncian que vamos sobrados de financiación. A cambio de una hospitalidad obsequiosa, nuestros políticos habían previsto un escenario propicio para resolver asuntos enquistados con sus pares ministeriales, y esa mochila va repleta de cristales rotos. El centro Miguel Delibes es un espacio exento y bien articulado, que permite acuerdos ambulantes de paseo por sus tránsitos y negociaciones más peliagudas, que requieren la cautela de un refugio discreto y confortable. Hay de todo y para cualquier expectativa. Su estructura móvil permite adaptar el recinto a la demanda de las necesidades. Así que por ese lado, ningún problema.

Cualquier profano supone ante una convocatoria de este estilo, que reúne y aísla durante un fin de semana a los mandamás de la política española en medio de un descampado, que los vigilantes de nuestros intereses llegan a la cita con los deberes hechos y sólo pendientes de verbalizar con poderosos argumentos de convicción lo ya anticipado documentalmente. Pues hemos visto que no. Y no fueron los únicos que salieron de la convención con el semblante desairado. Había varios centenares de periodistas acreditados en el jolgorio y durante su transcurso no se celebró ni una sola rueda de prensa. Quienes mantienen todavía una imagen decorosa de la actividad política, tenderán a suponer que esa ausencia de encuentros profesionales se suplía con una relación más directa, aprovechando la amplitud del espacio disponible. Tararí que te vi. Ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá. Un puro fiasco. Así que el vacío argumental de la convención se tradujo sobre la marcha en su enmienda más implacable. Sin noticias que dar, el mensaje se traducía en fotos de recuerdo. Como las bodas o las romerías de verano.

Si no hubo chicha informativa (el mejor resumen de la convención fue la imagen de Rajoy enarbolando el Marca del maestro Campillo), poco cabía esperar de las gestiones de los consejeros ante los ministros. Ni una raspa que celebrar. Sólo faltaba ya, para redondear la faena, el lamparón del salmantino Cosidó, que no contento que la que armó en Gamonal hace unas fechas, volvió a violentar la despedida de Valladolid con los incidentes de la calle San Lorenzo. Ignacio Cosidó es director general de la Policía y cuando algún acontecimiento obliga a su despliegue por aquí, enseguida se coloca el gorro de mando. Durante la convención, varias manifestaciones mostraron su protesta sin ningún altercado. Pero todo se desmandó cuando en la matinal del domingo un grupo se acercó a las puertas del céntrico asador donde degustaban lechazo los jefes del intrépido Cosidó. Los excesos los grabó desde el mirador de su residencia conventual el periodista omañés Nandi Álvarez, que habita justo encima del lugar de la bronca. Así que ya no caben excusas ni enredos ni apelaciones a bandas de alborotadores ambulantes. Las imágenes retratan un episodio de bestialidad sin paliativos.

tracking