la controvertida fractura hidráulica

La Junta dice que ha dado permiso para «explorar, no para explotar» el fracking

El anuncio de la compañía BNK para Burgos moviliza a los sectores contrarios.

Integrantes de las asambleas contra el fracking de Burgos, Cantabria y Vizcaya, entregando ayer las firmas recogidas.

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efe | valladolid / burgos

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El portavoz de la Junta de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez, recalcó ayer que el Ejecutivo autonómico «ha autorizado iniciar los sondeos de exploración, no de explotación» para obtener gas natural mediante la técnica de la fractura hidráulica -fracking- en el norte de Burgos.

En la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno, De Santiago-Juárez defendió que, al contrario de lo ocurrido en las autonomías que legislaron para impedir que proyectos de este tipo se asentaran en sus territorios, la Junta «no ha cambiado de criterio ni opinión» en este tema.

El portavoz insistió en que el procedimiento elegido prevé que, incluso para la realización de estos «sondeos de investigación», que realizará la compañía BNK, tal y como anunció el pasado miércoles, se abra un periodo de información pública y de recepción de alegaciones, que se inició ayer.

La empresa petrolera BNK proyecta un máximo de doce pozos de exploración mediante fractura hidráulica en el norte de Burgos para determinar si sería rentable su explotación para extraer gas natural.

En una rueda de prensa convocada en Burgos, los directivos en España de esta compañía explicaron que en este momento ya disponen de los proyectos y han presentado el estudio de impacto ambiental para cada uno de los sondeos, que ahora se someterá a información pública y alegaciones. Según el proyecto, la empresa pretende instalar tres zonas de sondeo en el cuadrante minero de Sedano y otros tres en Urraca, ambos en el norte de Burgos, cada uno de los seis con un máximo de dos pozos y una superficie de 2,3 hectáreas.

Los pozos tendrán una penetración en vertical de entre 3.000 y 4.000 metros y una horizontal, en su parte más profunda, de unos dos kilómetros.

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El estudio de impacto ambiental que ha presentado la compañía es un documento complejo, de más de 5.000 páginas, en el que se establece que cada sondeo constará de un pozo vertical en el que se tomarán muestras para medir la cantidad de gas y otro horizontal que determinará si la extracción es rentable económicamente.