Cuando no entra un euro en casa: más de 32.000 hogares sin ingresos La difícil inserción laboral
Las familias sin recursos económicos se duplican desde 2010, según datos del INE.

María y Carlos, con su hija de cuatro meses, son uno de los 32.000 hogares sin recursos.
«Una sonrisa o un gesto de nuestro bebé nos alegra el día y nos da fuerzas para levantarnos y luchar pero sólo de amor no se vive». Es la reflexión de una madre burgalesa de una niña de 4 meses que, junto a su marido, trata de salir adelante sin nada. María y Carlos, nombres ficticios por expreso deseo de los interesados, forman una familia y es una de las 32.300 que existen en la Castilla y León donde no entra ningún tipo de ingresos. Ni cuentan con un empleo ni reciben una prestación o subsidio. Nada. Sólo una ayuda de Cáritas Burgos para bordear una situación de absoluta miseria. Un número que, según los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se ha duplicado en los últimos cuatro años de crisis.
Las cifras extraídas de la documentación que aporta la Encuesta de Población Activa (EPA) destacan que España contaba en diciembre pasado con 731.000 hogares que no disponen de ningún ingreso familiar, de los que 200.000 tienen menores a su cargo. Es un 50% más que a mediados de 2010, un porcentaje muy inferior al registrado en ese mismo periodo en la Comunidad, donde el número de familias sin perceptores de ingreso ha aumentado un 91% al pasar de las 16.900 existentes en 2010 a las 32.300 actuales.
A la vista de estos datos, Castilla y León acumula el 4,4% del total de hogares con menos recursos de España. Muy lejos del 25% que acapara Andalucía (190.000), con diferencia la tasa más alta del conjunto nacional, seguida del 14% de Cataluña (103.000) y el 12,5% de la Comunidad Valenciana (92.000). El número de familias sin ningún tipo de ingresos en la Comunidad no ha parado de crecer al ir paralelo a la crisis económica. No en vano, la falta de ingresos va de la mano del crecimiento del desempleo.
Sin papeles y sin empleo
La EPA constata, por ejemplo, que los mayores incrementos tuvieron lugar a finales de 2010, con una subida del 41% (al pasar de 19.000 a 26.800 hogares entre la encuesta del último trimestre de 2010 y la del primero de 2011). El recrudecimiento de la recesión, unido a la duración de la crisis, motivó que la cifra de hogares se disparara, de nuevo, en 2013. No en vano, en sólo un trimestre (que transcurre entre septiembre y diciembre de ese año), las familias en riesgo de exclusión social en la región aumentaron de 20.300 a 33.400, un 64,5%, hasta convertirse en la mayor cifra de la serie facilitada por el INE.
Este matrimonio residente en Burgos, golpeado por la crisis, es un número más de esta estadística. No en vano, María y Carlos llevan cerca de dos años sin trabajar pero todo se complicó cuando él perdió la tarjeta de residencia como inmigrante por un problema con la Justicia, sin deseo de entrar en más detalles. Un error del que se lamentará de por vida y que ahora le deja en una situación irregular en España. El no contar con papeles le imposibilita tener un contrato de trabajo, pese a haber tenido alguna oferta, pero también optar a cualquier tipo de ayuda económica pública. Es la ley que no hace distinciones que sume en la miseria a esta pareja que reconoce vivir un «calvario».
La situación que vive esta familia deja a María, con nacionalidad española, como única posibilidad de lograr, de forma legal, ingresos pero ahora no es el mejor momento. Ha sido madre hace cuatro meses y es lactante, lo que dificulta compaginarlo con un empleo. Contar con una nómina es la manera de solicitar los papeles para su marido gracias a un permiso de reagrupamiento familiar. Todo va en cadena pero los eslabones se rompen a cada paso que dan.
Ropa y comida
María llegó a Burgos con sus padres procedentes de Colombia cuando tenía 11 años. Ahora tiene 23 y no tiene ningún apoyo familiar puesto que sus progenitores regresaron al país de origen. La poca ayuda que encuentra procede de sus amigos, que regalan ropa a la niña, y de Cáritas que cada mes desde 2013 le entrega vales para canjear por productos de primera necesidad en su economato y para comprar alimentos frescos (carne, pescado, verdura y fruta) en los establecimientos del barrio. También recibe un paquete de pañales al mes para su hija pero no es suficiente.
De momento, la alimentación del bebé no es un problema al ser lactante pero en unos meses deberá comer otros alimentos y completarlo con leche artificial. Una nueva dificultad que se sumará a otras muchas. Pero nuestra protagonista asegura que su hija es, ahora, la prioridad y que «el poco dinero que consigamos será para ella».
Ella descarta regresar a Colombia, entre otras cosas porque no tienen dinero para afrontar el coste del viaje pero también porque dice sentir apego por Burgos donde pasó su infancia y juventud. «Tampoco sería fácil empezar de cero en otro país», precisa. Otro de los motivos para quedarse en España es asegurar un «futuro mejor» para su hija, donde cree que pueden existir más oportunidades.
La trabajadora social de Cáritas asegura que el caso de esta familia no es una excepción puesto que hay «demasiados» hogares sin ingresos. El perfil ha cambiado con la crisis y ahora las personas españolas sin recursos suponen casi la mitad. Lourdes Viñe asegura que las ayudas públicas no llegan a todo el mundo por los requisitos. Pone el ejemplo de los extranjeros parados que encuentran dificultades para justificar que no tienen ingresos al estar obligados a solicitar documentación a sus países de origen para acceder a la Renta Garantizada de Ciudadanía. Problemas que se agravan al no contar con apoyo familiar y que, en ocasiones, derivan en enfermedades mentales.
La persona de referencia de esta familia en Cáritas es Lourdes Viñe. Una trabajadora social del Programa de Acogida que no se acostumbra a las situaciones de miseria que pasan por su despacho porque «es muy difícil ponerse en sus zapatos cuando llevas una vida normalizada». No en vano, el 40% de las personas atendidas por la asociación en Burgos no tenía ingresos.
Recuerda que las necesidades de un hogar se agravan al existir menores. De ahí que la ONG se esfuerza en promocionar a estas familias para encontrar un trabajo pero no es sencillo por la crisis. Y, a su juicio, es posible en el caso de María por ser una «persona totalmente empleable», con habilidades y experiencia en el servicio doméstico. Incluso, ahora asiste a un curso de cuidados a la infancia para que pronto cuente con un itinerario personalizado de inserción laboral.
Su familia, técnicamente, no es un hogar puesto que el matrimonio vive con su bebé en una habitación de un piso compartido en la capital burgalesa, algo cada vez más habitual, según Cáritas. Reconoce que, por falta de espacio e intimidad, no es el mejor lugar para criar a un bebé pero es lo único que pueden permitirse. Incluso, Cáritas se vio obligada el año pasado a hacer frente al pago de dos meses atrasados del alquiler. Su objetivo, a corto plazo, es poder vivir solos en una vivienda.
La beneficencia es una salida que, de momento, ha encontrado esta familia aunque aprovecha cualquier oportunidad para obtener algún dinero extra. «Sobrevivimos gracias a alguna chapuza que hace mi marido que tiene conocimientos de electricidad tras realizar un curso», explica María.
La situación ilegal de Carlos, de 33 años, le impide recibir la Renta Garantizada de Ciudadanía, otro tipo de prestación de protección social o el último subsidio para hogares sin ingresos. De ahí que María espere con anhelo la ayuda aprobada por la Seguridad Social como madre lactante (150 euros por trimestre).