Diario de León
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ernesto escapa
León

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P oco a poco, vamos coleccionando los ingredientes que decoran el escenario de nuestras campañas electorales. Aunque todavía falta un mes para su arranque formal, la costumbre de tres décadas crecidas de lid autonómica requiere para su despliegue la publicación de una encuesta de referencia, que fije posiciones y marque objetivos. Esta vez ha llegado pronto, apenas recogidos los sayos procesionales de una Semana Santa marcada tanto por el éxito de concurrencia como por un tiempo acogedor. Seguramente, porque las conjeturas tienen más aliciente que en otras ocasiones, cuando ya de antemano estaba repartido el pastel.

Esa misma incertidumbre se acrecienta en la esfera municipal, aunque sin llegar a poner en duda el resultado global de ambas convocatorias. Pero, claro, como lo que importa esencialmente en estas elecciones es lo inmediato, la papeleta autonómica hace gavilla con la local. Así que sólo con una implantación significativa en los más de dos mil ayuntamientos se puede aspirar al sillón que ahora ocupa Herrera. En esa tesitura están el Partido Popular, y bastante más descolgado, el Partido Socialista. Los populares con la sombra de los recortes de Rajoy, y los socialistas arrastrando todavía las calamidades de su despedida del poder hace cuatro años. Porque no debe olvidarse que nuestra política autonómica está fuertemente condicionada por la actuación de los partidos en la órbita nacional. Una dependencia que la convierte en subsidiaria. En tal sentido hay que interpretar los deseos expresos de miembros del gobierno respecto a que no aparezcan por aquí determinados ministros. De Montoro a Wert, y especialmente Soria. Porque no hay nada que agradecerles.

En cambio, está siendo más habitual la presencia ya en precampaña de los dirigentes socialistas, seguramente urgidos a tratar de mitigar la debacle. Porque esta vez el castigo al gobierno no se traduce en un incremento de la cosecha de quienes han personalizado la oposición en estos cuatro años. Por una parte, todavía se proyecta el pánico de la despedida de Zapatero, y por otra los sucesos de una legislatura especialmente accidentada, en la que no ha faltado de nada. Así que cambio de líder y relevos en cascada en las diferentes candidaturas autonómicas socialistas. Una estrategia de borrón y cuenta nueva no para crecer, sino para que la pérdida no alcance dimensiones catastróficas. Mientras los miembros del gobierno autonómico ya han empezado la gira de sus comparecencias de balance, provincia a provincia, quienes han seguido esos temas en la oposición se encuentran ya en otra cosa o apartados para siempre. Nadie replica ni propone alternativas con criterios homologables.

Visto lo visto, la expectativa se concentra en los partidos emergentes, que según la encuesta de Sigma Dos para Ical, se van a repartir veinte de los ochenta y cuatro escaños. Aunque tanto Podemos como Ciudadanos tienen el gancho de sus franquicias nacionales, en Castilla y León encontrarán el camino más despejado para las elecciones municipales urbanas que en las autonómicas. Por esa circunstancia que señalaba al principio del hábito de votar a la misma fuerza en ambas urnas. Y por lo que parece, ni una ni otra franquicia van a concurrir en muchos de los municipios. De momento, tenemos la foto fija autonómica y sus cabezas de lista. Falta por concretar la concurrencia municipal.

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