TECNOLOGÍAS
La comunidad tiene 25 operadores homologados de drones en un año
El crecimiento del sector más palpable está en las provincias de Salamanca y Valladolid

El responsable de Dronik, Sergio Sánchez, junto a uno de sus drones
La Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) ha registrado en Castilla y León 25 operadores de drones de menos de 25 kilos al despegue durante el primer año de vigencia de la normativa que regula el uso de estos vehículos aéreos no tripulados.
El rápido crecimiento del sector, más palpable en las provincias de Salamanca y Valladolid que suman una veintena de operadores, está relacionado con las nuevas oportunidades de negocio de empresas que han encontrado en este tipo de aeronaves controladas por control remoto multitud de usos y posibilidades como una herramienta de trabajo más. El dron, con el nombre técnico de RPAS (Sistemas Aéreos Pilotados Remotamente), ya no es un dispositivo aéreo limitado al ámbito militar y ha entrado con fuerza en el mundo civil ya que estos aparatos se utilizan en la Comunidad para todo tipo de actividades que van desde la toma de fotografías, filmaciones y levantamientos aéreos hasta el reconocimiento de instalaciones o edificios y vigilancia aérea de incendios forestales pasando por operaciones de emergencia, búsqueda y salvamento.
Es algo que sabe Sergio Sánchez, un vallisoletano que tras realizar un curso en Senasa (Servicios y Estudios para la Navegación Aérea y la Seguridad Aeronáutica) el año pasado en Madrid para contar con el título oficial obtuvo la autorización del Ministerio de Fomento en junio pasado. En apenas dos meses ya ha realizado su primer trabajo de filmación en el polígono Dehesa de la Villa en Mojados (Valladolid) que permitió tomar imágenes únicas a vista de pájaro.
Sánchez, socio junto a la madrileña María Cano de la empresa Dronik, destaca a la Agencia Ical las innumerables aplicaciones de los drones, sobre todo en el ámbito industrial. «El dron tiene miles de usos al permitir trabajar en altura pero minimizando riesgos y costes», asegura. Cita, por ejemplo, la revisión de torres de alta tensión, la supervisión de chimeneas, aerogenadores, la fotogrametría embalses y el control de vertederos para detectar bolsas de metano con una cámara térmica, entre otros.
Este emprendedor con experiencia en el sector de reciclaje reconoce la «burbuja» de los drones aunque advierte que no se podrá hacer todo lo que aparece en los medios de comunicación como el reparto de paquetes que ha planteado el gigante Amazon. «Hace tiempo me dijeron que los drones acabarían llevando a persona pero para eso ya están los helicópteros y los aviones. Además, no tienen manos y son incapaces de reparar una avería», sentencia.
La última propuesta ha sido la de un estudiante holandés de Ingeniería que ha lanzado un proyecto de un dron que carga con un desfibrilador que llega volando para ser utilizado en casos de emergencias. A juicio de Sergio Sánchez, es un sector nuevo que tardará unos años en asentarse y al final quedarán los operadores y las aplicaciones con utilidad.
En todo caso, advierte que un dron no es juguete y así lo reconoce la norma porque el pilotaje profesional requiere una formación previa en aeronáutica como normativa, aerodinámica y meteorología, además de contar con un plan de vuelo y un seguro de daños a terceros. Además, el uso indebido como poner en peligro a otros aviones y a las personas y bienes en tierra conlleva multas de hasta 225.000 euros.