Diario de León
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ernesto escapa
León

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D espués de soportar durante meses la atronadora cohetería de amenazas y desplantes, malicio que ahora nos aguarda un otoño melancólico y de tránsito más bien llorón o doliente. Un período de excusas, tratando de escurrir el bulto e incluso de inspirar pena. Porque así suele suceder siempre en las embestidas. Primero, se calienta el brasero hasta donde haga falta, y luego viene el arreón ciego. Los niños de los pueblos mineros aprendimos la lección en la calle, atizando botes de carburo. Sin reparar en las consecuencias, que a veces podían ser trágicas. Éramos perfectamente inconscientes de los riesgos y el único propósito consistía en superar los tejados con el salto. Años más tarde, uno de aquellos intrépidos y alocados dinamiteros perdió una mano junto al Bernesga, al cambiar el carburo callejero de los candiles por combustible de laboratorio.

Aunque no se trata del mismo caso, el moqueo puede ser parecido. Porque quien prendió la mecha en Cataluña era representante del Estado, y jamás podrá invocar ignorancia en su deriva. Aunque tampoco la culpa del desvío puede atribuirse en exclusiva a los gaiteros de Pujol. Mas y su panda juncal. Porque en el proceso ha habido una larga lista de cooperantes, que recorre prácticamente por toda la transición, un periodo que ya se acerca a la cuarentena, como el franquismo. Desde aquel trágala primerizo de Banca Catalana, que tanto nos escandalizó, porque a la vez procesaban en nuestro estreno a Demetrio Madrid. Ya entonces, el caporal había empezado a hacer caja y a recaudar beneficios particulares de la gestión patriótica, pero nadie movió un pelo. Porque tenía acreditada la condición del aliado más útil y leal. Luego se fueron sucediendo ruidosos episodios convergentes de corrupción y denuncias del porcentaje de las mordidas. Nada ocurrió por casualidad, mientras aquella gente resultó imprescindible y mantuvo los apoyos. Y esto fue así, hasta construir el espejismo de que cualquier exceso procedente de aquella periferia podía digerirse sin mudar el semblante.

Los años del aznarato oscilaron entre el baboseo inicial y los desplantes de su mayoría absoluta. El disparate se incendió en tiempos de Zapatero, ilustre constitucionalista que en un mitin electoral se comprometió a sacar adelante la reforma estatutaria que le hicieran llegar desde Cataluña. Luego envenenó el recado resultante la miopía del Partido Popular, recogiendo firmas en las plazas para revocar su aprobación. En todo caso, ahora toca prepararse para ir descontando excusas como quien oye llover. Con la misma indiferencia. Y ocupar los afanes en tratar de resolver asuntos candentes y cercanos, que estos sí tienen que ver directamente con nuestro bienestar. Son tan amplios y se encuentran tan extendidos, que van del negro de la mina al blanco de la leche, pasando por el verde de los bosques.

Por eso, a nadie extrañarían las protestas del martes, en la ceremonia inaugural del Ave a León. Allí estaban las mujeres de los mineros, que claman por su supervivencia, y los agentes forestales, que piden unas condiciones de trabajo que no dejen nuestro patrimonio natural en desamparo. Hay que reconocer que mineros y forestales han tenido aguante y sabido ser persistentes en sus reclamaciones. Sin alborotos . De ahí la gravedad de que al final quedara en evidencia que cobran mejores piezas los de la embestida que quienes defienden sus derechos razonablemente, con entereza y tenacidad.

xto

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