Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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E l 33 cumpleaños del Estatuto de Autonomía culmina el domingo con la jornada de puertas abiertas de las Cortes, después de una semana dedicada al análisis profesoral de sus reformas y a la pesquisa del nuevo período que ahora se abre. Días de reflexión y debate en un edificio regido por la transparencia, que aspira a convertir sus muros en pantalla donde se proyecte día a día el pálpito de la Comunidad más variada y diversa de Europa.

Esta semana de febrero, las Cortes han acogido la lección de constitucionalistas como Torres del Moral o Paloma Biglino, entre otros profesores universitarios. También, la confidencia de quienes protagonizaron anteriores reformas del Estatuto de Autonomía. Por último, los actuales portavoces y los periodistas más atentos a la actualidad del hemiciclo han compartido el ejercicio de vislumbrar la orientación de la nueva reforma estatutaria en el momento en que las Cortes de Castilla y León cuentan con la representación política más diversa de su historia. Echar la vista atrás, para evaluar el repaso de anteriores mudanzas, es un ejercicio cargado de melancolía. Las hubo insignificantes, anecdóticas y ambiciosas, hasta culminar la más solvente en las vísperas del invierno de 2007. La única chafada, por cierto.

Para quienes llevamos media vida en este tajo, resulta imposible olvidar la provisionalidad del texto fundacional de 1983, cuyo título enmendaba el articulado. Sin duda, el apresuramiento de las consultorías madrileñas que adobaban Estatutos a demanda, durante aquel invierno de 1983, hizo que los amanuenses jurídicos del encargo atropellaran el buen nombre de la nueva Comunidad bimembre, a pesar de los pactos vernáculos alcanzados para su articulación. Como fuimos los últimos en llegar al Boletín, a la hora de la verdad nos aplicaron el vínculo manchego del guión. Un lastre pesado de aquel tiempo en que los centristas ya se despedían de sus funciones preautonómicas y el relevo no acababa de llegar. Así que las labores de tránsito se iban haciendo con el descuido de los ocupantes y la acreditada indolencia de quienes todavía carecían de expectativas razonables de relevo.

Ni siquiera hubo entonces tutores volcados en la vigilancia del bautizo. Rodolfo Martín Villa ya estaba, por primera vez en mucho tiempo, lejos del poder, y Gregorio Peces Barba ocupado con la presidencia del Congreso. Ambos habían sido los muñidores y padrinos de la criatura, pero cuando llegó el bautizo, Rodolfo había dejado su escaño a Manuel Núñez Pérez, que no compartía esta afición. Así que hoy hace 33 años el Boletín Oficial del Estado publicó el que iba a ser el último de los estatutos autonómicos en nacer. Y el pobre no sabía ni siquiera su nombre. Así que se pregonó como Estatuto de Autonomía de Castilla-León, aunque luego, en sus artículos, ya se iba llamando Castilla y León. Porque nadie tuvo la cautela de arropar su bautizo.

Olvidados aquellos descuidos, la presidenta Silvia Clemente programa un cumpleaños de puertas abiertas, orientado hacia la gente, con la pretensión de que castellanos y leoneses empiecen a sentir la institución como su casa común, que este año concede la medalla de oro a la Real Academia de la Lengua, como custodia de un idioma que nació hace más de mil años en los monasterios burgalés de Valpuesta y leonés de Rozuela.

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