Las empresas de la Comunidad, poco orientadas a la innovación
Están entre las cinco últimas de las 263 regiones europeas que analiza la Comisión .

La actividad investigadora y la especialización productiva también se han tenido en cuenta. V. LÓPEZ
Efe | Madrid
Las empresas de Castilla y León prestan una escasa orientación a la innovación, entre las cinco comunidades autónomas que menos, según uno de los factores determinantes del Índice de Competitividad Regional (RCI) que elabora la Comisión Europea para las 263 regiones europeas. Los últimos lugares en este apartado los ocupan Extremadura y Castilla-La Mancha, precedidas por Canarias, Murcia y Castilla y León.
Las comunidades que ocupan las últimas posiciones —un cuarenta por ciento por debajo del promedio europeo— se caracterizan por una escasa orientación de sus empresas hacia la innovación, una baja actividad investigadora materializada en publicaciones o patentes, y una especialización productiva con baja intensidad en conocimiento.
Desde ese punto de vista destaca Madrid —un 37 por ciento encima del promedio de las regiones europeas— por su tejido empresarial sofisticado.
Casi un treinta por ciento de su valor añadido es generado por empresas del sector financiero, tecnológico, científico y de consultoría), y posee un sistema de I+D+i sólido y potente —entre los veintiocho primeros europeos— que favorece el empleo creativo, la investigación científica y las actividades más intensivas en tecnología y conocimiento.
Por encima de la media
Junto con Madrid, también el País Vasco y Cataluña se sitúan por encima de la media de la UE en este apartado que muestra posiciones similares a las del indicador sintético de innovación que se construye en el mencionado estudio.
La Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) recuerdan que el Índice de Competitividad Regional (ICR) se compone de tres grandes bloques que integran once aspectos relevantes de la competitividad.
Estos son motores básicos (calidad de las instituciones, estabilidad macroeconómica, infraestructuras, salud y educación básica), cualificación y eficiencia del mercado laboral (formación del capital humano, tasa de empleo y tamaño del mercado) e innovación (preparación tecnológica, sofisticación empresarial e I+D+i).
Respecto a los motores básicos de la competitividad, subraya la buena valoración en términos de salud —todas las regiones están por encima de la media europea—, mientras que los déficit de las cuentas públicas en la mayoría de las comunidades, junto a los elevados niveles de deuda acumulada, dificultan la salida a los mercados financieros de las regiones e influyen negativamente en su competitividad.
La comparación de este indicador de 2016 con el de 2013 muestra una evolución desigual entre regiones.