Diario de León
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Los catorce municipios burgaleses más próximos al entorno de la central nuclear de Garoña se preparan para diseñar su propio futuro desde la desconfianza en planes externos, como los desarrollados hace unos años, que no han supuesto una alternativa a la actividad de la planta cuyo cierre es inevitable.

Los alcaldes coinciden en que ha podido contribuir algo a frenar la despoblación pero la realidad es que los municipios más próximos tenían 3.600 habitantes cuando la planta comenzó a funcionar a principios de los años 70 y ahora solo están censadas mil personas. Algunos vecinos trabajan en la central, aunque la mayoría lo hacen a través de subcontratas. Otros se beneficiaban del aumento de población flotante que generaba la planta mediante la prestación de servicios.

La idea que persiguen los alcaldes de la zona es que «cuando se cierra una puerta se abre una ventana», porque confían en las posibilidades del entorno para el turismo y la explotación hortofrutícola.

Es lo que dice el alcalde de Oña, Arturo Pérez, que recuerda que la central se puso en el Valle de Tobalina por el gran caudal del Ebro a su paso por la zona, lo que ahora se puede aprovechar para cultivos que no supondrán un perjuicio para el desarrollo turístico.

Los alcaldes de la zona más cercana a la planta nuclear, en un radio de diez kilómetros, se reunirán mañana en el municipio del Valle de Tobalina, donde se encuentra la central, para avanzar en el diseño de soluciones alternativas, aunque ya trabajan en un plan de elaboración propia que expondrán a las administraciones en busca de ayuda.

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