Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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A bordamos el año con la luz un 40% más cara que en Alemania, donde todavía no se les ha ocurrido prescindir del carbón como combustible energético. Es un dato del barómetro sectorial, que nos ilustra sobre el desboque de la factura eléctrica durante 2017. Una factura también más cara que en Francia, como si fuéramos los ricos del corro. La explicación es demoledora. Francia o Alemania son países donde los gobiernos establecen una política energética que no dicta el ansia de las empresas eléctricas, mientras en España las tarifas y horizontes energéticos corresponden a su manejo con el exclusivo criterio de la rentabilidad.

De un tiempo a esta parte, los opinadores económicos, que como el resto de la plebe trabajan para quien les paga, se empeñan en facturar los datos de empleo y afiliación a la Seguridad Social de forma engañosa. Con trucos transparentes para cualquier chaval despierto, que tratan de endosar al común cada vez que doña Fátima alardea con sus logros de empleo. La realidad es tan simple como sigue: se crean empleos troceando los previamente existentes, de manera que las horas trabajadas antes por un empleado pasan a ser desarrolladas por dos o tres. A la vez, se trocean y precarizan los sueldos, consiguiendo que el aumento de cotizantes a la Seguridad Social no logre impedir el vaciado de la hucha de las pensiones. Cualquier chaval sabe que si partimos una manzana en dos, tres, cuatro o más trozos, no pasamos a tener dos, tres o cuatro manzanas, que es el mensaje mensual que nos tratan de colar los pregoneros de doña Fátima.

Y la misma partija se aplica a los sueldos, sin que la legislatura parlamentaria en la que estamos haya conseguido ningún avance en la derogación de la reforma laboral. Cuando se inauguró la temporada, después de nueve meses de parálisis política, los contribuyentes a aquel arranque se mostraban ufanos por lo que iban a conseguir doblegando al gobierno en la cámara. Pasado un año y cuarto de aquellos pregones, toca evaluar resultados y asumir derrotas, para no canjear la expectativa en enojo rabioso. Quedaron por el camino asuntos cruciales como el pacto educativo que relegue la pesadilla promovida por el tortuoso Wert o el bullicio corrupto, en cuyo control nos ha vuelto a suspender el Consejo de Europa. Y eso que el ámbito analizado ha sido el de la justicia y los parlamentos nacionales, donde prospera con ansia el cabildeo que los finos conocen como lobby. El Grupo de Estados contra la Corrupción, que se identifica como Greco, nos hizo once recomendaciones hace un lustro, de las cuales siete se van cumpliendo de aquella manera y cuatro siguen sin estrenar, mientras el fiscal anticorrupción tuvo que dimitir e ilustres parlamentarios de baja, como Federico Trillo o Vicente Martínez Pujalte, transitan por los juzgados. Otro conchabeo de más alcance nos enfila: los manejos del escurrido Lamela con su tutor Arias Cañete para la mina de uranio de Retortillo.

Y ahora, con estos pelos, abordamos el negocio de la financiación autonómica, que acumula un retraso insoportable y el añadido del mordisco aplicado al cupo vasco. Que ese acuerdo sí se gestionó con la prisa adecuada al respaldo presupuestario de los nacionalistas. De lo suscrito se deduce una merma para España que Carlos Monasterio cifró en 2.500 millones anuales, sin añadir la prodigalidad estatal con el Ave. Por ese rejo dimitió Monasterio de la Comisión de expertos. Ahora los abanderados del apaño aventuran que habrá cuatro mil millones más que en 2017 para el reparto, una cuarta parte de lo necesario para garantizar unos servicios esenciales como los de 2009.

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