El carrito de los helados
T e han pillao, con el carrito del helao’. Tardó en darse cuenta, y en lugar de reaccionar como aconseja la murga festiva, saliendo de estampida, se puso farruco y la lió de verdad. Un tipo que jamás hace declaraciones, sino que aprovecha las tribunas para sembrar pánico y balbucear amenazas, se confesó esta vez con El Mundo, reconociendo su incapacidad pedagógica para combinar racionalmente recortes y gasto. Y en ese escenario de proximidad, donde los tímidos desbarran, aseguró muy ufano que el referéndum catalán no fundió un euro del presupuesto. Frente a las pesquisas judiciales de la guardia civil, y contradiciendo a la abogacía del Estado, se mostró rotundo: «ni un euro de dinero público».
Lo malo es que en este caso las pruebas documentales desmontan su afirmación. Por otra parte, Tancredo Rajoy y su partido implicaron a los jueces en bloquear el procés y ahora retiran la prueba de acusación. No ha sabido calcular Montoro que esta vez no estaba jugando al pito-pito-gorgorito con los nietos. ‘Pim-pam-pum-fuera, y en la casa de Pinocho, todos cuentan hasta ocho’. Pero el juez Llarena ni sabe ni quiere jugar en la era de la abuela. Como burgalés, estos compadreos jiennenses le revientan.
Así que el gesto sobrado de Montoro, como la reacción altiva de su compinche Cifuentes al ser pillada mintiendo, tiene una deriva ya escrita, cuyo cumplimiento el impávido Rajoy demora hasta exasperar. Así tengan una racha intermedia de bracear y ponerse alabanciosos. Aunque la actualidad política gire a velocidad de vértigo, para recalar en el punto de partida, esta deriva primaveral no es de las que se sustancien con unas raspas, por mucho alboroto barullero que fabrique su portavoz en el altar del Congreso.
Lo llamativo del asunto, por lo que nos toca, es que Montoro reproduzca la estrategia de los pesquisidores del derrumbe de nuestras entidades de ahorro: maqueando muecas y sin pinchar nervio. Si en el procés la prueba del toma y daca es la fluidez inagotable de las sociedades instrumentales para pagar fianzas con la bolsa nutrida desde el gobierno catalán durante décadas, en la pesquisa de la difunta Caja habría que buscar la prueba en el mismo toma y daca. No en la espuma irrelevante de las dietas, sino en el tráfico crediticio e inmobiliario de los consejeros con la entidad. Pero el juez Muñiz Tejerina no quiso proseguir averiguaciones y mandó apagar, hasta que una instancia superior revoque el sobreseimiento.
Con Llarena, Montoro lo va a tener más crudo, porque su afirmación supone una enmienda en toda regla a las actuaciones judiciales, y por ahí sí que no, maravedí. Además, a Montoro le siega la hierba la falta de crédito de su gobierno, que tampoco resulta de fiar en asuntos de Cataluña. Aseguró que no iba a haber referéndum y lo hubo, poniendo de relieve en el trámite la ridiculez del CNI y sus servicios de detección, incapaces de localizar la llegada de miles de urnas. Después del proceso vivido durante los últimos siete años en Cataluña, cuando sus presidentes Artur Mas y Nuria Gispert tuvieron que acceder al parlamento en helicóptero, las asociaciones instrumentales ANC y Omnium Cultural fueron cebadas con pasión y sin medida, en previsión de lo que pudiera ocurrir.