Diario de León
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VERLAS VENIR ERNESTO ESCAPA
León

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T ras la devastación de Fórum, aquel engañabobos que desplumó a casi doscientas mil familias de incautos con la estampita de los sellos, sus víctimas no encuentran ningún consuelo en que los jueces de la Audiencia Nacional hayan tardado doce años para calificar de paradigmática su estafa piramidal, amortiguando de paso las penas de los delincuentes. Hasta dejarlas equiparables con las habituales que se imponen a los carteristas de andén. A ellos, que manejaron un ejército tentacular y codicioso de más de cinco mil agentes comerciales, mientras compartían los estrados postineros de figurantes con las principales autoridades.

Doce años después de la intervención de aquel negocio, que parecía no sólo impune sino ejemplar, la moralina judicial envuelve unas penas menguadas e insuficientes con reflexiones de sacristía, que en nada palían el daño, especialmente sangriento en lugares como Valladolid, donde a la legión de damnificados económicos se suman tragedias personales como la que acabó con la vida del deportista ejemplar Lalo García, quien no pudo digerir la culpa de haber engañado a familiares y amigos como recaudador de Fórum y acabó suicidándose.

Durante los doce años, que se cumplieron en mayo, desde que el juez y actual ministro del Interior Grande-Marlaska echó el cierre al tinglado, sus víctimas fueron aprendiendo que no había entre ellos ni folclóricas ni obispos ni apellidos de postín, como en Gescartera, así que tenían que resignarse a ser adelantados en su derecho a la justicia por unas cuantas bandadas de vivales. Al fin y al cabo, no eran más que un par de cientos de miles de incautos: una muchedumbre deslumbrada por el espejismo del mayor beneficio para sus ahorros. Lo que no podían esperar es que los jueces resolvieran que tenían bien merecido el batacazo. Por ansiosos. Sin importar que el chiringuito del timo llevara con el engaño un cuarto de siglo, mientras gobiernos de todos los colores renunciaban a su obligación de vigilar mirando para otro lado. Tampoco importó un bledo que la detección tributaria de aquella actividad delictiva cumpliera ya el trienio cuando Grande-Marlaska ordenó su intervención. Quizá por el sádico placer de ir comprobando cómo seguían cayendo más y más incautos en la trampa. Sin más cautelas ni urgencia, porque no había notables en la red. Al fin y al cabo, el timo de la pirámide, que con tanta soltura describen los jueces, necesita engordar la base. Así que veinticinco mil picaron en la última campaña, ya bajo sospecha. La barata moralina judicial de los magistrados de la Audiencia esconde la tolerancia e incluso connivencia desde todos los poderes con estos delincuentes. Desde la corona al municipio halagaron sus manejos, contribuyendo a prolongar el engaño con abrazos, distinciones y homenajes. Que vengan los magistrados de la Audiencia a justificar su exculpación a Valladolid, donde a lo largo de un cuarto de siglo la afición al baloncesto agrupó su entusiasmo con la insólita presencia de Sabonis junto al Pisuerga gritando el latinajo del timo. Doce años es demasiado tiempo para reírse de la desgracia ajena, aunque semejante desahogo pueda aliviar las tensiones de los señores magistrados de la Audiencia Nacional, y ya toca reparar el daño a los triplemente estafados. Primero por el timo de los sellos y después en su defensa por los delincuentes de Manos Limpias, también enraizados en Valladolid. Finalmente, les alcanza el sermonario judicial, que llueve sobre el descaro de un cruce de acusaciones entre Rato y Solbes: que si ya te avisé y no te enteraste, pardal.

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