Espejo de vergüenza
A caso ningún momento del calendario tan adecuado para restregar y jalear la vergüenza del Feixolín como estos días de Pasión. Porque hay que flagelarse a conciencia para entender que una explotación minera al aire libre, que destrozó con dinamita y maquinaria pesada más de doscientas hectáreas de un espacio natural entorchado como reserva de la biosfera, pasara inadvertida durante quince años. Y todo esto no sucedió en los remotos confines africanos mencionados por Aznar, sino en la comarca lacianiega de León. Por eso se sientan estos días ante el tribunal de la Audiencia el empresario minero Victorino Alonso, su administrador Tascón y quien fuera alcalde por Izquierda Unida de Villablino, Guillermo Murias.
Aunque parece evidente que tampoco deberían ser los únicos imputados, porque esta actividad ilegal a cielo abierto en un espacio protegido ya fue sancionada en noviembre de 2011 por el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea. La ilegalidad se perpetró entre 1995 y el fin de la minería, sin atender a la sanción europea ni a las reiteradas denuncias del Seprona de la Guardia Civil. Mientras, la Junta autonómica, que ya tenía su dirección general de minas avecindada en León, llegó a declarar y subvencionar estas explotaciones mineras como «de especial interés social y económico». No es burla, aunque lo parezca. Tenía en León la dirección de minas y su servicio territorial de medio ambiente, quizá ya entonces con el agasajado charro Guillermo García al timón. La consejería de medio ambiente y ordenación del territorio, que tanto dinero cuesta al paisanaje, se instaló en la Junta seis años antes de la fechoría del Feixolín, que seguramente supone el lamparón más grueso, mugriento y ominoso de toda la etapa autonómica.
Porque no estamos lamentando una jugarreta menuda, sino la cadena de explotaciones ilegales que arruinó con su dentellada una franja protegida de diecisiete por cinco kilómetros en el alto Sil, entre Cerredo y Quintanilla de Babia. Explotaciones bautizadas como Ladrones, Nueva Julia o Feixolín. Porque las cuchilladas son reiteradas, extendidas y sobre todo, inadvertidas para los vigilantes ambientales. Así se explica que los presupuestos públicos no sólo premien la delincuencia con el dinero de todos, sino que en el momento de su abandono tengan que invertir millones de euros en tratar de restaurar en vano los espacios alterados. Nos lo acaba de contar la consejera Pilar del Olmo, al dar cuenta del gasto millonario en restaurar la explotación Nueva Julia.
Reaccionó tarde el Seprona de la Guardia Civil, que advirtió al juzgado, al ayuntamiento de Villablino y a la delegación de la Junta del atropello. Pero en todas estas taquillas contestaron que no atendían la petición de paralizar el destrozo porque no había ninguna ilegalidad. Tampoco estuvo más listo ni diligente el juzgado número 2 de León, que años después autoriza la continuación de los trabajos, entendiendo que se trata sólo de labores de restauración. Como nos advirtió el maestro portugués de confidencias esenciales Miguel Torga, es imposible pasar por delante de un espejo y no mirarse. Que nadie mire para otro lado en estos días de campaña electoral, flagelos y pasiones. Porque las escombreras con que degradaron nuestro espacio natural lacianiego estos perillanes no admite disculpa ni perdón.