Las uñas de la pequeña Sara tenían ADN de Roberto, acusado de matarla
La prueba forense demuestra que la niña, de tres años, se defendió de su presunto asesino.

Imagen del presunto asesino de la niña Sara, ayer, en la Audiencia de Valladolid. R. GARCÍA
ep | valladolid
Peritos del Instituto Nacional de Toxicología ratificarán hoy que bajo las uñas de Sara, la niña presuntamente asesinada a primeros de agosto de 2017 en Valladolid tras recibir una brutal paliza y ser violada, hallaron restos de ADN de Roberto H.H, novio de su madre y con la que comparte banquillo en la Audiencia Provincial desde el pasado día 25 de abril.
Se trata de una de las pruebas concluyentes sobre la incriminación de Roberto como presunto autor del crimen. Los análisis dieron positivo al encontrar restos del perfil genético del encausado, compatibles, como así tratarán de hacer valer las acusaciones, con los arañazos defensivos que la pequeña infligió a Roberto en sus manos y antebrazos y que el aludido y su defensor han tratado de atribuir a lesiones accidentales que él, en su condición de mecánico, se produjo días antes en distintas reparaciones de coches y otros artilugios.
Pero además, también está previsto que hoy comparezcan, igualmente en calidad de peritos, los técnicos que analizaron el mechón de cabello hallado en un pantalón corto que Roberto utilizaba a modo de pijama y que, como así certificarán, pertenece a la víctima.
Con respecto a la jornada del juicio celebrada ayer, la misma ha permitido escuchar, entre otras grabaciones, las llamadas al Servicio de Emergencias 112 de Roberto el día 2 de agosto de 2017 para solicitar ayuda al entrar la niña en parada y la conversación entre éste y una médico en la que la facultativa le pregunta por el estado de la niña y luego comienza a darle instrucciones para que le practique las primeras maniobras de reanimación. «No respira, no le oigo el corazón», se escucha a Roberto decir a su interlocutora mientras explica que es el novio de la madre y que la noche anterior la pequeña estaba bien pero que se la había encontrado desmayada en su habitación, para acto seguido recibir instrucciones de cómo presionar una treintena de veces a Sara en el tórax y luego insuflarle aire por la «boquita».
También se ha procedido a la audición, entre otras, de la llamada que uno de los integrantes del 112 que asistió a la víctima efectuó al Clínico Universitario pidiendo que estuviera despejado el aparcamiento para facilitar la llegada de la paciente, tras haber logrado estabilizarla en varias ocasiones después de más de una hora de maniobras.