A SIETE DIAS VISTA/Rosa Masegosa
Espiando al enemigo
No han sido ni una ni dos las veces que el PSCL-PSOE se ha sentido espiado últimamente por la cúpula del PP y, por ende, por la propia Junta de Castilla y León. Precisamente, la reciente visita a León del secretario general de los socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, ha servido para instaurar una nueva palabra, hasta ahora exclusiva de la jerga televisiva, en el lenguaje político: la contraprogramación. Y es que a tan sólo diez meses de las próximas elecciones municipales y autonómicas, Castilla y León se está convirtiendo en un gran campo de batalla para los políticos, ya sean de ámbito nacional o autonómico, puesto que, al parecer, donde va uno, al día siguiente aparece el otro, sin previo aviso. Éste es el mensaje que lanzan estos días los socialistas, que acusan al Partido Popular de prácticamente obligar al presidente Aznar a realizar una extraña visita a Valladolid y Salamanca, tan sólo dos días después del mitin de Zapatero en la plaza de San Marcelo de León. Por su parte, los populares les recriminan lo mismo en relación a una visita institucional de Juan Vicente Herrera a la provincia de Burgos, que se produjo casi casi a la vez que la que tenía previsto realizar el líder nacional de los socialistas a los yacimientos arqueológicos de Atapuerca. Vamos, que lo mismo que se espía se contraespía, etc., como si de una película de James Bond en sus mejores tiempos se tratase. Sea como fuere, lo que está claro es que en las apretadas agendas de unos y de otros siempre cabe un tachón imprevisto o una cita de última hora. Todo con tal de no quedarse atrás en este juego de niños caprichosos que es la política. El lío de Treviño Tras seis meses sin una sola noticia ni movimiento político alguno en el enclave burgalés de Treviño, la problemática del Condado ha vuelto a resurgir estos días con el anuncio de la próxima firma de un convenio de colaboración entre las Diputaciones de Burgos y Álava. Un acuerdo que a todas luces pone a la cabeza del consenso a la institución foral alavesa y deja en entredicho al Ejecutivo de Ibarretxe, que sigue sin mostrar un solo gesto de colaboración con las instituciones castellanas y leonesas. Pero lo que más ha molestado de esta buena noticia a la oposición, principalmente al PSCL-PSOE, es precisamente eso, la noticia. Y es que Ángel Villalba se enteró por la prensa y, claro está, no le sentó nada bien. Como consecuencia, varios «rifirrafes» entre el líder socialista y Alfonso Fernández Mañueco. Frases como: «a mi nadie me ha informado de los convenios» o «yo también me enteré por los medios de comunicación de que el PSOE apoyaba un referéndum», centraron la actualidad política de esta semana. Sin embargo, de los acuerdos para mejorar la calidad de vida de los treviñeses nadie hablaba. A pesar de ello, la sede de la Diputación de Burgos será el próximo lunes el escenario donde se sellará un pacto de colaboración permanente al que están invitados también los alcaldes de los dos municipios treviñeses, La Puebla de Arganzón y Treviño. Aunque todavía no han confirmado su asistencia, no es problable que acudan, lo que de esta forma dejará muy claro del lado de quien están. No obsante, habrá también que tener en cuenta las presiones nacionalistas que puedan sufrir estos dos humildes alcaldes. El siguiente paso será retomar las conversaciones entre los dos Ejecutivos. Como primer plato de un ágape que se prevé será de difícil digestión, la Junta de Castilla y León ya ha manifestado su disposición a implantar el euskera en el Condado. Todo un órdago a la grande. A vueltas con lo mismo Sin duda, la precampaña electoral ya está en marcha y el nerviosismo es patente en todos los partidos. Los argumentos son lo que, quizá, dejan más que desear. Un ejemplo es el del consejero portavoz de la Junta, Carlos Fernández Carriedo, quien, polémica tras polémica y crítica tras crítica, cae en la reiteración más absurda al utilizar siempre las mismas acusaciones contra el adversario Villalba. Que si el secretario regional de los socialistas tarda demasiado en reaccionar sobre este tema porque ha estado «obsesionado» con el proceso electoral de Caja España, o que si lo de la entidad financiera le ha tenido tan «ocupado» que no le ha permitido «estar al loro» sobre las negociaciones de Treviño... Al final no se sabe muy bien quién es el que realmente está obsesionado con esta cuestión.