Diario de León

El Castillo de Fuensaldaña acoge la actividad parlamentaria y fue fortaleza y pompa feudal desde 1983

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M. Martín - valladolid
León

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Sus muros de piedra se mantienen fríos e impasibles ante los avatares de la historia, coronados por la imponente Torre del Homenaje, vigía y protectora de la antigua fortaleza y sello indiscutible de la imagen de un pueblo: Fuensaldaña. En el siglo XIV, la villa pertenecía a la familia de los Vivero, del infantazgo de Valladolid, que fue reuniendo todos los lotes señoriales hasta conseguir la propiedad de todo el conjunto de la localidad. A mediados del siglo XV, los Vivero ordenaron la construcción del Castillo de Fuensaldaña, con el destino de utilizarla como residencia señorial. Así lo demuestra el escudo de Alonso Pérez de Vivero y de su mujer, Dávila Guzmán, que adornan los trazos góticos de la torre. La primera fase de las obras fue ejecutada con esclavos musulmanes, de acuerdo al «modelo de Valladolid», que imponía unas medidas concretas por las que la torre debía medir lo mismo que el lado del recinto y el doble de su altura, aunque los problemas económicos de los propietarios impidieron que la muralla alcanzara la medida pretendida. La construcción definitiva muestra un poderoso conjunto de forma cuadrangular, limitado por tres cubos defensivos y la Torre del Homenaje. Todo el recinto amurallado se puede recorrer por el Paseo de Ronda, tras las almenas. Por otra parte, la torre cuenta con una sola dependencia por cada una de sus cinco plantas. El acceso está situado en la principal, a la que se entraba por un puente levadizo desde la escalera de piedra, que actualmente está integrada en la muralla, para hacerla más inaccesible. Así, si el castillo era atacado, se quemaba el puente levadizo y la torre quedaba aislada y fácil de defender. Esto explica que el granero -también utilizado como mazmorra- se encontrara en la planta baja, adonde no se podía acceder desde el recinto. Todas estas precauciones no sirvieron de mucho en el año 1521, durante la «guerra de las comunidades», cuando el castillo fue ocupado por las tropas comuneras, que ordenaron su derribo, algo que no llegó a realizarse. 1397124194 De parador a Parlamento Pasaron los años y los siglos y la construcción medieval observaba, inquebrantable, la evolución de su destino. Acogió como ilustres huéspedes, entre otros, a los Reyes Católicos y a los capitanes comuneros. Más adelante, como consecuencia del abandono de la Corte, el castillo de Fuensaldaña se quedó sin dueño, pasando a ser patrimonio del municipio. De ahí que la Diputación de Valladolid se hiciera cargo de la fortaleza en los años 70, iniciando las obras que lo convertirían en parador turístico. La institución provincial adosó al paño interior de la muralla tres plantas de dependencias hosteleras y habitaciones y adornó los salones para recepciones o comidas de gala, aunque el castillo nunca tendría este uso. En 1983, las obras volvieron al interior del castillo. Tras la aprobación del Estatuto de Autonomía en el mes de febrero, las Cortes de Castilla y León buscaban una sede, preferiblemente en Valladolid, donde desarrollar la actividad parlamentaria. La Diputación cedió entonces el castillo completamente gratis y se reformó nuevamente el interior de la fortaleza, para adecuarlo a las necesidades de la institución legislativa. En un primer momento, las reuniones del pleno de las Cortes se celebraban, a falta de otro lugar más adecuado, en el Salón Rojo, situado en la planta principal de la Torre del Homenaje. Pronto la falta de espacio, de luz y ventilación hicieron necesaria la construcción del actual hemiciclo en el original patio de armas, ya reducido por la reforma iniciada por la Diputación Provincial.

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