Diario de León

Los caricaturistas se definen como escoltas de la democracia

Algunos de los dibujantes de humor gráfico más prestigiosos del mundo, muchos víctimas de la censura, exponen en Bogotá

Hugo Chávez, visto por el ecuatoriano Francisco Cajas.

Hugo Chávez, visto por el ecuatoriano Francisco Cajas.

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álex cubero | bogotá
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Algunos de los caricaturistas más prestigiosos del mundo, a menudo víctimas de la censura e incluso de amenazas, se han congregado en Bogotá para dejar claro que sus dibujos son «el perro guardián» de la democracia. El Foro Internacional de Caricaturistas por la Paz y la Libertad de Opinión ha reunido a los integrantes de la Cartooning por Peace, organización que surgió a raíz de la polémica generada por la caricatura de Mahoma que publicó el diario danés Jyllands-Posten , cuyo autor recibió amenazas de grupos islámicos.

Liderados por Jean Plantúreux «Plantú», del diario francés Le Monde , el colombiano Vladdo, el israelí Kichka, el belga Kroll, la argentina Ana von Rebeur, el estadounidense Daryl Cagle, el también francés Tignous, el ecuatoriano Bonil, la venezolana Rayma y el boliviano Trond debaten hasta el viernes sobre las amenazas a la libertad de opinión a la que habitualmente se ven expuestos.

«Antes un dibujo era un papel con un lápiz. Ahora circula por la red y puede ser visto por muchas personas, lo que puede generar muchos conflictos», reconoce Plantú, mientras traza las líneas de lo que se intuye como un agrio censor intentando cortar la cabeza a su compañero, el colombiano Vladdo. Tijeras que adoptan distintas formas y cuyo objetivo son editores más preocupados por los resultados económicos que por el periodismo, supuestos gobiernos democráticos, regímenes dictatoriales o extremismos religiosos de uno u otro signo. «La censura es porque nuestras viñetas son tomadas con más seriedad de lo que nosotros le queremos dar. Pero si a alguien le molesta es porque estamos diciendo la verdad», opina Ana von Rebeur.

Pero la crisis que afecta a los medios escritos provoca que muchos editores opten por no ofender con un dibujo que levante ampollas; por ello, a juicio de Daryl Cagle, «prefieren chistes graciosos que no obliguen a pensar, lo que es muy frustrante». Cagle, uno de los caricaturistas estadounidenses más influyentes, lamenta que incluso sean los propios dibujantes los que se autocensuren, aunque algunos, como explica la venezolana Rayma, acaban buscando conceptos sutiles para poder expresar lo prohibido, tal y como ocurre en su país, donde no está permitido dibujar a Chávez.

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