Diario de León
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Opinión | rafael de garnica

Los seres comunes podemos, a veces, participar en las interesantes vidas de los hombres ilustres. Mi primer contacto con la literatura de don Miguel Delibes se produjo como consecuencia de una noticia en la que se informaba que se había publicado un libro titulado El libro de la caza menor . Yo era un adolescente con las vacaciones recién estrenadas y una incipiente, pero turbadora, vocación de cazador naturalista. Me acerqué a la biblioteca municipal. Pregunté tímidamente, y el libro estaba allí. Era nuevo y en la sobrecubierta aparecía el autor animando a su perra a buscar la caza. Parecía muy atractivo. Me sumergí en la lectura y me capturó de tal forma que las tres mañanas siguientes las consumí en su lectura. Posteriormente he seguido leyendo Cinco horas con Mario , El diario de un cazador , La mortaja, Mis amigas las truchas, El disputado voto del señor Cayo, Un mundo que agoniza y otros.

Algo más avanzado mi devenir, entra en mi vida otro hombre singular, Félix Rodríguez de la Fuente. No era todavía el más conocido. Se le veía en blanco y negro, pero su palabra y su escritura ya se presentaban como un borbotón apasionado. Su libro sobre El arte de Cetrería mostraba la madera del naturalista divulgador y etólogo heredero de las mejores observaciones del Infante don Juan Manuel, Federico II de Prusia o Konrad Lorenz. En aquella época, José Antonio Valverde ayudado por su hermano, el taxidermista Carlos Valverde, estudiaba y recogía muestras en los campos de Valladolid y en Doñana simultáneamente, para lo que luego sería su libro sobre La estructura de una comunidad de vertebrados terrestres que fue piedra fundacional de muchos estudios ecológicos y apoyo a la conservación de Doñana.

Prensa Española comenzó a editar la revista Trofeo . En ella escribían éstos y otros personajes. Muchas veces ilustraba sus artículos Josechu Lalanda, un artista de campo, hijo de torero famoso que introdujo un nuevo estilo en el dibujo animalístico español.

En el mundo científico, Francisco Bernis, cuya primera publicación ornitológica trata sobre Las aves de la Maragatería y Montes de León , estaba en su apogeo como ornitólogo y se relacionaba con ellos. Estudié mi carrera a la sombra de muchas de las opiniones y enseñanzas de estos hombres. Más adelante, ya profesor, conocí una tarde de otoño a Adolfo, El príncipe destronado que fue alumno alumno mío y hoy es profesional de la Biología. Con Miguel Delibes de Castro y su hermano Juan he mantenido una relación entre colega y profesional. Habrá que destacar la calidez humana de Miguel en la que, posiblemente, subyace el espíritu de su madre a la que no tuve la fortuna de conocer, y la periodística de Juan, capaz de haber remodelado y creado las revistas del mejor nivel cultural y científico-divulgativo que, dedicadas al complejo entramado de la caza y la pesca con la conservación que se publican en España.

Estos hombres se conocieron, colaboraron, se respetaron y quizás también discutieron. Eran hombres del Renacimiento, del nuevo renacimiento español, artistas, escritores, científicos, antropólogos, lingüistas, investigadores de campo y varios de ellos poseían simultáneamente algunas de estas facetas.

Cuando estos personajes estaban en su apogeo vital, más tarde llegaría el social y popular, la vida y la sociedad española buscaban nuevos caminos. Además del desarrollismo, o quizá apoyado en él y en lo que estos personajes pensaban, leían y filtraban, comenzó a instalarse en el inconsciente colectivo de España algo distinto al Ave que vuela a la cazuela o a El mejor llobu colgau . Con ellos comenzamos a aprender lo que, unos cuarenta años antes, Aldo Leopold, un ingeniero forestal norteamericano, conservacionista y cazador, nos comunicaba a través de su Ética de la tierra o lo que el indio Seattle escribió a mediados del s. XIX: «El hombre blanco ha de enseñar a sus hijos que cada gota de rocío, cada árbol, son sagrados y guardan la memoria de nuestros antepasados». He tenido la oportunidad de aprender, a veces de tratar, con estos hombres, de transmitir sus conocimientos y de utilizarlos como herramienta didáctica. Su altura cultural está muy por encima de lo políticamente correcto del momento. Por eso serán modelos, por eso siempre, al releerlos, nos revelarán una nueva idea o matiz. Muchas gracias por seguir ahí, don Miguel. Que haya muchas perdices allí donde le reciban y que de nuevo abrace a su mujer.

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