¿Súper qué?
El invento del maligno josé javier esparza
Parece claro que en Supervivientes , el reality de Telecinco, hay tongo. No buscado por la productora ni por la cadena -”o eso se dice-”, sino maquinado por los famosetes del programa, que calculan un paso breve por el purgatorio y traman su pronta expulsión para, acto seguido, dedicarse a pasear por los platós de televisión cobrando una pasta gansa. ¿Tenemos que sorprendernos? Aquí este servidor, ingenuo impenitente, saludó con alborozo el estreno de Supervivientes cuando apareció por primera vez en pantalla. Cierto que en aquella época todavía no se había inventado el famoseo adherido y los concursantes eran gente del común. Preciso más: gente del común dispuesta a hacer algo muy poco común, y eso era lo que daba atractivo a la idea. Después todo se fue estropeando a gran velocidad, y la pregunta es si no deberíamos haber supuesto que el oro se convertiría en estiércol, como pasa con casi todo en la tele. Este Supervivientes con mezcla de anónimos y famosos es una filfa. A los anónimos les hace competir no para la supervivencia propiamente dicha, sino para resultar tan simpáticos al público como los famosos. Y a los famosos tampoco les empuja a echar mano de ingenio y resistencia, sino que el programa se limita a exhibirlos para atraer a unos espectadores ávidos de cotilleo. En realidad, uno sigue las evoluciones de los