el invento del maligno
Barretina
El invento del maligno josé javier esparza
Audiencia muchimillonaria para el festival de Eurovisión. Unos 5,7 millones de espectadores en el festival propiamente dicho (cuota del 41,9%) y más de siete millones de espectadores en las votaciones (cuota del 48,5%). Cifras ostensiblemente superiores a la edición anterior. Menos, es verdad, que con el fenómeno chikilicuatre, pero es que en éste entraban en juego otras motivaciones. Bien está, en fin, y no deja de ser un éxito para TVE. En cuanto al resultado, y como todo el mundo sabe, la victoria fue para una lolita alemana a la que, por supuesto, inmediatamente le han sacado en Internet una escena subidita de tono (en pelota picada, vaya) para universal alborozo. Esto último no sé si está bien o mal, pero, en todo caso, es lo que hay, y uno llega a sospechar que la exhibición de los encantos de la moza -"incuestionables, por otro lado-" estaba preparada desde el principio. ¿Y a nosotros qué nos queda? Lamentablemente, lo que nos quedará no será el recuerdo de un cantante no detestable -"Diges-", sino más bien esa otra estampa del espontáneo catalán que interrumpió su primera actuación. Ha sido bochornoso, sin duda. Sin embargo, creo que en el fondo es un acto de justicia poética. Me explicaré. Hasta ahora nos consolábamos de los sinsabores eurovisivos diciendo que la gente que cantaba ahí en nuestro nombre no representaba a España, sino a nuestra televisión pública, o sea, a TVE, que es cosa bien distinta. Esta vez, sin embargo, creo que el argumento no vale. Nunca como ahora ha representado mejor a España un cantante de Eurovisión. Y no tanto por el cantante como, precisamente, por el espectáculo. Porque, en efecto, toda la Historia reciente de España puede condensarse en la escena de un hombre que salta al escenario tocado con una barretina y acapara para sí toda la atención. La barretina del infame Jimmy Jump es una metáfora de la vida nacional española. Y aunque sea injusto que Daniel Diges pase a la memoria por este asalto, por el contrario es muy justo que todos guardemos esa imagen en la mente: nos han retratado. España es así.