El huerto
El invento del maligno josé javier esparza
Ha entendido usted el nuevo follón que hay liado con la guerra del fútbol televisado? ¿No? No se preocupe: yo, tampoco. Pero ayer mismo un veterano del negocio televisivo me lo explicó como si fuera un cuento infantil, y de esta manera se entiende mejor. Dice así. Érase una vez un rico huerto regido por un poderoso Preboste. Los lugareños acudían allí a coger sus hortalizas, y lo hacían con mucha alegría y hasta pasión, entregando a los hortelanos el precio convenido. Pero, una vez a la semana, y también en ocasiones muy especiales, era el propio Preboste quien repartía entre sus súbditos el fruto del huerto, y lo hacía gratis, lo cual le procuraba inmensa popularidad.
Un buen día, un astuto amigo del Preboste, viendo que ahí había negocio, pensó sacar tajada. El amigo -”llamémosle Fulano-” se dirigió al Preboste y le dijo: «¿Por qué no me dejas explotar para ti el servicio del huerto? Yo llevaré a la gente las hortalizas. Cobraré un dinero por ello, pero, a cambio, me ocuparé de que tus súbditos te veneren para siempre. Y tú, además, siempre podrás repartir hortalizas cada vez que te apetezca». El Preboste, viendo que ganaba con el negocio, accedió a la propuesta de Fulano. Y desde entonces Fulano se quedó con la exclusiva del reparto de hortalizas. Cierto que tenía que pagar a los hortelanos, pero lo que Fulano cobraba por el servicio compensaba las pérdidas e incluso le reportaría ganancias, o eso creía él. En cuanto al Preboste, vio satisfecho el contrato: Fulano siempre se ocupó de que los súbditos le veneraran. Mas he aquí que un día murió el Preboste y, después de algún tumulto, llegó al trono un nuevo titular: Prebostito.
Y Prebostito también tenía amigos astutos y ambiciosos. Y uno de estos amigos, llamado Mengano, le dijo: «¿Por qué no me dejas a mí repartir también los frutos del huerto?». Prebostito repuso: «Pero de eso ya se ocupa Fulano». Y Mengano contestó: «Fulano no trabaja para ti, sino para otro. Yo, por el contrario, me ocuparé de que la gente no venere al viejo Preboste, sino a ti, y que lo haga para siempre»-¦ (continuará).