Publicado por
José Enrique Martínez
León

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Cuando uno se coloca ante el teclado para evocar a Victoriano Crémer inevitablemente afloran los recuerdos personales. Los míos van unidos al poeta, a la dignidad de su palabra, al despliegue de su conciencia crítica ante el mundo y al empuje que mantuvo hasta el último día. Una frase suya ha venido rebotando en mi memoria a lo largo del año que ha pasado tras su muerte: «Yo ya estoy a la deriva». Es el tremendo contraste entre el cuerpo en deterioro y la dolorosa lucidez con que la cabeza lo percibe. Pero mi recuerdo último es la alegría que exteriorizó ante el título que le ofrecí para el conjunto de su poesía, en realidad medio verso suyo, Los signos de la sangre, que me parece que expresa una pluralidad de significados muy presentes en la lírica cremeriana desde sus comienzos en la inmediata posguerra: la fuerza de la vida, las raíces familiares, la herencia que se recibe y la que se deja al morir, la violencia de la guerra... Movidos aquí y allá por las obligaciones de cada día, por la novedad y la propaganda editorial, olvidamos lo que un poeta como Crémer, acaso hoy poco leído, significó como ejemplo de rehumanización de la poesía de posguerra. Él fue uno de los que supo que la poesía de su tiempo primero, el de la posguerra, debía ser humana o no era nada, y que más allá de las preocupaciones personales, el poeta debía dirigir sus palabras a los demás hombres, reflejar sus preocupaciones más hondas, que acabó reduciendo a cuatro, amor, Dios, muerte y patria, es decir, los gozos y las angustias existenciales y las circunstanciales del aquí y el ahora. De ahí que pueda decirse que la suya es una poesía comprometida con el hombre en su totalidad, si bien el tiempo fue tiñendo de melancolía los libros de los últimos años, porque la larga vida del hombre Crémer se fue poblando de muertes que diluyeron la obstinación, el ímpetu y el júbilo exultante ante la comprobación de la existencia que expresan sus primeros libros. Un año después de la muerte de Victoriano sigue y seguirá viviendo el poeta Crémer.

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