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josé javier esparza
León

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Telecinco se ha apresurado a aclarar que en realidad no esperaba cobrar esa cantidad por las imágenes del beso mundialero, sino que era una forma preventiva de evitar que la escena fuera emitida por otros canales. Ya, ya. ¿Se me permitirá preguntar que habría ocurrido si alguien hubiera puesto la pasta sobre la mesa? Conteste usted mismo a la pregunta. Dos millones de euros es un porrón de dinero; 340 millones de pesetas de las de antes. Lo suficiente para que nadie, en efecto, emita las imágenes de marras sin permiso, pero no lo bastante para impedir que alguien puje por ellas, particularmente en el mundo de la tele, donde hasta hace poco los billetes volaban tanto que no dejaban ver el sol. En otras condiciones, con menos cuitas financieras, no hubiera extrañado ver circular a los agentes de los canales provistos de forrado maletín

Sea como fuere, lo cierto es que Telecinco, con eso de los dos millones, acaba de confirmar lo que todos -o casi-hemos denunciado: la voluntad de la cadena de explotar comercialmente el romance de la pareja.

A lo mejor hay que recordar que Sara Carbonero, profesional cuyas cualidades como entrevistadora son manifiestamente mejorables, fue elevada a la subdirección de Deportes de Telecinco precisamente de cara al Mundial de fútbol.

En el fondo, y a pesar de la caña que le han dado, Urbaneja tenía razón: Telecinco ha explotado sin el menor complejo tanto la imagen como las circunstancias personales de esta señora. Y el hecho de que ella haya colaborado en la operación, no cambia las cosas, porque aquí el problema no es lo que el periodista se deje hacer, sino que la vida privada del periodista -digo y subrayo: del periodista- pase a formar parte de la lista de activos de la empresa.

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La tele está cambiando radicalmente el perfil de la profesión. Vendrán cosas más gordas.