Entrevista
«No me parece que la tele sea el género chico de la interpretación»

Jordi Sánchez; «el rancio» de «La que se avecina».
Jordi Sánchez (Barcelona, 1964) se ha convertido en un actor muy conocido gracias a Antonio Recio, un personaje maquiavélico y obsesionado con la presidencia de su comunidad en La que se avecina , la serie que nació cuando los vecinos de Aquí no hay quien viva cambiaron de cadena. El miércoles pasado, sin El Internado en la competencia, la serie de Telecinco consiguió el mayor share de su quinta temporada, un 18,3%. Esta noche se van de vacaciones
-"¿Están pendientes de las audiencias?
-Sí. El jueves por la mañana nos llamamos para comentarlas. A mí me las manda por sms Nacho Guerreros (Coque, el conserje). Si ha sido muy buena y está contento, me llama.
-¿Es «Antonio Recio» un papel agradecido?
-Muchísimo. Ofrece tanto de lo que agarrarse que es un lujo para un actor. A pesar de ser fascista, homófobo y machista cae bien. Era una consigna de dirección: el público no puede odiarle.
-Ha ido a peor. De una persona quisquillosa ha pasado a estar trastornado.
-Absolutamente. No tiene límites. Los guionistas han ido lanzándose, y yo lo he ido encajando como he podido. Al principio estaba siempre con Berta, su mujer, y eran una pareja insoportable, de las que prefieren agredir antes de que les agredan, pero se calzó la pistola y no se la ha quitado de encima.
-¿Qué queda por ver de su personaje?
-Falta por emitir sólo un capítulo de esta temporada, y lo peor está aún por llegar. Los guionistas le van a castigar, y hacen bien. A una persona así no pueden salirle bien las cosas. En el fondo es desgraciado por ser como es, y le darán una buena lección. Acabaremos la temporada con expectación, y la trama continuará en la siguiente, que empezaremos a grabar en septiembre.
-¿Le preocupa que le identifiquen con él?
-En absoluto. Estoy encantado. En Cataluña sí me conocen más porque es donde he trabajado hasta que entré en La que se avecina . Pero en el resto de España me conocen por el «Rancio». En la calle la gente se me acerca menos que a otros compañeros porque deben pensar que soy un borde o que voy siempre con la pistola encima.
-¿Ha tenido problemas con sus vecinos?
-No tengo mucho trato con ellos, y el que tengo es agradable. Siempre hay alguno raro, pero no un chalado con pistola. Además, estos vecinos tienen mucha relación, están siempre juntos, aunque sea para fastidiarse unos a otros. Me crié en un barrio donde todos los vecinos éramos amigos. Jugábamos todos en la calle, e incluso veraneábamos juntos. Pero eso ya no se da. En las ciudades ya no se baja a la calle, y la gente no se relaciona. Es una pena.
-¿Está a gusto en la televisión?
-Sí. He hecho mucha tele, y no reniego de ella. Es más, no me parece que sea el género chico de la interpretación. Es muy complicado trabajar al ritmo que lo hacemos en La que se avecina . Al final, lo importante es que haya un buen guión. Y la serie lo tiene.