Diario de León
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boquerini
León

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El invento del maligno

En un principio era la pantalla grande. Después llegó la pequeña pantalla. Parecía que esta guerra de las pantallas permanecería muchos años, pero no ha sido así. La pantalla pequeña es cada vez más grande, con esos televisores XXL y esos dispositivos de cine en casa, y a la vez también más pequeñas con los i-Pod y las pantallas de los móviles. La pequeña pantalla, tal y como se entendía hasta hace poco, está de capa caída y las cadenas ven cómo Internet (la otra pantalla en auge) y las nuevas tecnologías les están quitando su parte del negocio, es decir, de los espectadores, que los mandamases de las televisiones ven siempre, no como usuarios de un servicio público, sino como potenciales consumidores y como cifras de negocio. Y no están dispuestos a perder su parte del pastel. En este mundo globalizado, las televisiones apuestan por la globalización de las pantallas: Se hacen series para ser emitidas directamente por Internet e incluso por el teléfono móvil.

Y si te descuidas te llenan el móvil con sms con las últimas noticias, entre las que, como no podía ser de otra forma, tratándose de la tele, están los estrenos, esas series que en un 70% estarán condenadas al fracaso y a su desaparición a la segunda semana de emisión, esos concursos cutres que no premian al que más sabe sino al que resulta más impresentable, y esos realities (experimentos sociológicos dicen, sin el menor sonrojo), en el que una panda de zánganos muestran sus vergüenzas, internas y externas, a los cuatro vientos. Las televisiones quieren que dejemos de contemplar la vida tal y como es para verla a través de una pantalla. Y lo han conseguido. Se pueden ustedes fijar es esos grupos de turistas de aquí y de allá que, en vez de disfrutar y extasiarse con nuestros monumentos y paisajes, aunque estén delante de ellos, los prefieren ver a través de las pantallas diminutas de sus cámaras digitales y de sus teléfonos móviles, obsesionados con sacar una foto, que siempre les saldrá mal. Es como preferir ver la copia o la representación antes de la realidad. Ver el mundo a través de una pantalla que, cuanto más pequeña es, más les pone.

La televisión gana, la vida real pierde.

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