Entrevista | FELIPE VEGA | DIRECTOR DE CINE
«La primera película que hice fue un pretexto para conocer a Llamazares»
Habla de la banalización de la sociedad, del desprecio hacia la cultura y asume que los creadores viven un momento trágico. Pero Felipe Vega trata de mantener el rumbo y burlar a Escila y Caribdis. En

El director de cine leonés Felipe Vega, que este año recibe un homenaje en Astorga.
Guionista, director, profesor, crítico de cine... Felipe Vega recibe la próxima semana el premio de honor del festival de cine Ciudad de Astorga. El lunes, presentará junto a Julio Llamazares su película Elogio de la distancia , una recreación de El río del olvido . Hoy, como prólogo, se presenta en Astorga una exposición con imágenes del rodaje del documental. El autor de Luna de Lobos actuará como maestro de ceremonias.
-¿Cómo recibe este homenaje?
-Para empezar, es el primer homenaje en León... Verá, a veces me sucede que no tengo claras mis raíces. Nací en León, pero a los seis años me trasladé a Madrid, con lo que mi memoria de la infancia y mi relación con León es muy sentimental, hasta el punto de que ya no sé qué es real y qué fruto de mi imaginación. Pero, independientemente de lo leonés o no que sea, tengo una sensación grande de afecto y agradecimiento.
-Va a presentar junto a Julio Llamazares el documental «Elogio de la distancia». También trabajó con él en la película «El techo del mundo». ¿Ha cambiado algo durante estos años en su relación profesional con él?
-Pues ha cambiado mucho y, al tiempo, nada. Julio y yo hablamos en la misma frecuencia, y es algo que nos pasa desde que nos conocimos. Siempre he tenido la sensación de que el Julio escritor tiene una relación especial con el cine y a mi me acerca a la creación de las imágenes literarias de una manera espontánea. Es un privilegio. Yo siempre he creído que escribir pasa por saber mirar lo que te rodea y rodar una película es crear imágenes del mundo, con lo que son tareas inseparables.
-¿Es distinto rodar con Llamazares haciendo un trabajo de ficción? ¿Ha cambiado algo el hecho de que ahora se trate de un documental?
-Cuando comencé a preparar la película hablé con Julio de El río del olvido y creo que en este caso, he vuelto a este libro. El documental contiene elementos de esa mirada nostálgica del mundo rural, de la naturaleza. Tengo que confesarle que la primera película que realicé fue un pretexto para conocer a Julio Llamazares. Estaba sobrecogido con La lluvia amarilla .
-¿Alguna vez ha pensado en llevarla al cine?
-Muchísimas, y siempre pienso que quien lo haga debería aplicar la técnica del cine americano de los años cincuenta, construyendo el mundo que hay en la cabeza del narrador.
-¿Cómo lo ha hecho en el caso de «Elogio de la distancia»?
-Es un documental sin música, sin voz en off, con lo que lo único que se escucha es el sonido de la tierra. Hemos elegido hacerlo así para lograr una construcción realista. Además, el guión está planteado desde un punto de vista no intervencionista. Quiero decir con esto que es un documental abierto, que no se acaba nunca y, por supuesto, una película de miradas, la de Julio y la mía.
-Como en la novela norteamericana contemporánea...
-Sí, exactamente. Decía Pla que en este país sobra opinión y falta descripción. Pues bien, hemos realizado un documental sin opinar sobre lo que mostramos, que tiene mucho que ver con la literatura y la antropología.
-El documental es un género poco practicado en España. ¿A qué cree que se debe?
-Pues creo que hemos pasado de un país en el que durante cuarenta años se prohibieron las imágenes de la realidad a uno en el que esa misma realidad está dominada por lo que aparece en la televisión.
-Es decir, que no tiene futuro...
-Me gustaría ser optimista y a veces creo que las cosas pueden cambiar. Tengo alumnos en la escuela de cinematografía que realizan buenos documentales, que pueden salir adelante. El problema es la exhibición, que está controlada por las cadenas de televisión.
-Pero ahora las televisiones sí emiten género documental...
-La televisión en España se ha embrutecido, y esa escalada de empobrecimiento también afecta a los documentales. Le pongo como ejemplo programas como Callejeros, que están sustituyendo al género real y que encima tienen la desfachatez de autodenominarse documentales. Son basura televisiva. Básicamente se está apostando por el espectáculo, sin contar nada. Pero éste es un problema generalizado. Es el resultado de buscar sólo el prime time y los resultados de audiencia.
-¿Cómo ve el futuro del cine?
-Pues en líneas generales, igual que el de los documentales. El cine se ha vuelto un medio que muestra espectáculo. Y. ya ve, los espectadores demandan cine en 3D y luego piratean las películas.
-No hay conciencia de que el trabajo intelectual hay que pagarlo.
-No, y es una mentalidad muy grave. Hace unos días, en un chiste de El Roto en El País se decía que la gente no quiere pagar por el arte porque el arte no vale nada. Es una época confusa, en la que el criterio ha adquirido dimensiones de caricatura.
-Todo el mundo tiene derecho a opinar y a despreciar lo que no conoce, sin argumentos.
-Sí, y lo siento, pero la prensa colabora de manera activa en esa banalización. No enciendo la televisión para informarme de temas culturales, pero cuando abro un periódico espero encontrar información de calidad y, la verdad, es que la oferta es cada vez más limitada.
-¿Qué tiene entre manos en estos momentos?
-Ahora estoy haciendo un guión de la novela de Domingo Villar La playa de los ahogados , una historia policiaca cuyo rodaje aún no sabemos cuándo comenzará. Estoy a dos o tres meses de finalizarlo.