El Museo Arqueológico Nacional reabre con tesoros de León
Tras ocho años de obras, el edificio saca sus mejores piezas

En la exposición del Museo Arqueológico está el sarcófago paleocristiano de San Justo de la Vega.
Ocho años de obras y siguen. El Museo Arqueológico Nacional, tras concluir la primera fase de ampliación del edificio, abría ayer sus puertas al público para mostrar una selección de sus mejores tesoros. Sólo 250 piezas, dos de ellas son de León, lo que da idea del valor de estas joyas expoliadas en su día a la provincia. Se trata del crucifijo de Fernando I y doña Sancha, que salió en 1869 de San Isidoro; y el sarcófago paleocristiano de San Justo de la Vega (del siglo IV), que llegó al museo madrileño también en 1869, prueba de la «rapiña» que desplegó el Museo Arqueológico para conseguir una de las mejores colecciones del país.
No son las únicas piezas de León que posee el Museo Arqueológico Nacional y que ahora comparten protagonismo con el Tesoro de Guarrazar, la Dama de Baza o la Dama de Elche. También San Marcos, la Catedral y San Marcelo sufrieron el saqueo.
El abad emérito de San Isidoro Antonio Viñayo lleva años reclamando su devolución. Recientemente, a esta petición se sumaba también la consejera de Cultura, María José Salgueiro. Se calcula que con la reestructuración del museo la mitad de los fondos expuestos desaparecerá de las vitrinas, de ahí que algunas instituciones se hayan apresurado a solicitar el depósito de las piezas que no se van a mostrar. Puede ser la ocasión idónea para que San Isidoro recupere una docena de obras. El Arqueológico Nacional posee de San Isidoro una colección de arquetas excepcionales: una de ágatas y plata, otra arqueta de marfil de estilo románico, otra más árabe de plata con inscripción del siglo X, una cuarta de madera con incrustaciones de marfil y tradición persa, así como una arqueta árabe de forma ovalada de plata. Además, tiene en su poder una tabla del siglo XV atribuida a Van Eyk.
Según las actas capitulares de la Basílica Real de San Isidoro, en 1869 entró el gobernador civil de León con varios guardias civiles armados, para llevar por la fuerza extraordinarias piezas medievales.
La cruz de Fernando I y Sancha, elegida entre los 250 tesoros más singulares del Arqueológico Nacional para su actual exposición, mide 54 centímetros y está considerada como la obra cumbre de la eboraria del siglo XI. Es una cruz relicario de marfil formada por la cruz propiamente y el crucificado, en cuya espalda está horadado un receptáculo para albergar una reliquia de la Vera Cruz.
El otro tesoro leonés elegido para la reapertura del Museo Arqueológico, el sepulcro de San Justo de la Vega, es del año 310, de mármol blanco, cuyo frente está decorado con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. Los sarcófagos paleocristianos de mármol importados desde Roma, donde se fabricaban, son los primeros indicios materiales de las nuevas creencias. Solamente los grandes propietarios o personajes enriquecidos podían permitirse el lujo de adquirir este tipo de piezas para sus mausoleos.