Diario de León

El barullo de la ortografía yeyé

Las 22 academias deciden este domingo en México si aprueban modificaciones como la supresión de la i griega

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miguel lorenci | madrid
León

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La nueva ortografía que cocinan las 22 academias hispanas ha provocado más recelo que entusiasmo. Medidas como el entierro de la i griega y la entronización de la ye, han bautizado como ortografía yeyé antes de nacer a una norma recibida con cierto desdén, cuando no indignación. El anuncio del cambio normativo originó un notable barullo que ha llevado al director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, a moderar el entusiasmo inicial. No todo está dicho. Es precipitado publicar la esquela de la i griega o de algunas tildes, viene a decir ahora el máximo responsable de la institución que «limpia, fija y da esplendor» al idioma que compartimos 500 millones de humanos.

La última palabra se dirá este domingo en Guadalajara (México) en el pleno que acoge la Feria del Libro. En tanto los académicos de ambas orillas sentencian, escritores como el Cervantes Juan Marsé constan que el cambio les deja frío. Otros se dicen dispuestos a matar por un quítame allá esa tilde, como Espido Freire, o minimizan la polémica, como Lorenzo Silva. Miembros de la docta casa como Arturo Pérez Reverte llama a la rebelión ante unas normas que pretende unificar la escritura a ambas lados de Atlántico apelando a un criterio panhíspánico que no convence ortógrafos y correctores que batalla a diario con signos y tipos. «No me sorprende el barullo, que es positivo. Si discutimos de ortografía no lo hacemos de banalidades o tonterías del corazón» dice el director de la RAE sobre propuestas como aceptar la uve española frente a la be alta y baja de América, a cambio de adoptar la ye presuntamente común en algún país americano «tras discusiones feroces». «La ortografía es materia sensible y muy polémica. Su reforma derivó en Francia en un problema de Estado. En Alemania se acordó un norma que grandes medios de comunicación no siguen», apunta un García del Concha que insiste en la bondad de la nueva norma. «Sorprenderá por su grandeza. Por primera vez será razonada y explicará la convención hasta la saciedad con ejemplos y resolviendo dudas».

«Me preocupan otras cosas» dice irónico Juan Marsé, premio Cervantes y -˜no académico-™ al que le resbala la cuestión. «Que se cambie la i griega por la ye no me da qué pensar. Por encima de otras cuestiones, mi preocupación permanente es la sintaxis y el estilo» dice. Marsé aprendió las normas a base de memoria y capones «cuando se decía que la letra con sangre entra».

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