Diario de León
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El invento del maligno josé javier esparza

Ha causado escándalo la aparición en Telecinco del abogado delincuencial Emilio Rodríguez Menéndez. Se acusa a la cadena de promocionar a un facineroso. Acusación enteramente razonable.

Semanas antes, dos concursantes de un programa de esta misma cadena se veían envueltos en un sucio caso de abusos sexuales. Tanto lo uno como lo otro debería hacernos pensar sobre la deriva de la tele -”de cierta tele-” en España, que está convirtiendo la exhibición del facineroso en espectáculo habitual. Guste o no aceptarlo, el hecho es que la televisión tiene un efecto moral inmediato sobre la sociedad. ¿Acaso porque la gente imita mecánicamente lo que ve en la tele? No: la gente no es tonta.

La cosa funciona de otra manera: uno va haciendo desfilar por la pantalla a gente indeseable, y al final esa gente termina convirtiéndose en una presencia normal. Su hija de usted no va a convertirse en una profesional de la extorsión por el hecho de que usted invite a cenar a su casa a un mafioso, pero es evidente que, si ese mafioso acude varias veces a su casa, su familia dejará de ver la extorsión y el crimen como algo particularmente repugnante. La exhibición reiterada de lo indeseable desdramatiza el mal, lo hace banal y cotidiano.

A partir de ese momento, los referentes morales quedan trastornados: el bien pierde valor y el mal se desinhibe. Y así la exhibición reiterada del facineroso termina creando la impresión social de que no es tan seria la cosa.

Por eso se habla tanto de la responsabilidad ética de los medios de comunicación, y en particular de los que se meten en la sala de estar de los ciudadanos. Algunos profesionales de la tele intentan eludir esta responsabilidad bajo el eslogan la televisión no es una guardería. En nombre de su libertad, se atribuyen el derecho a prescindir de obligaciones éticas. ¿Pero cree usted que los talentos de Telecinco ignoran las implicaciones éticas de su trabajo, el mecanismo de banalización del mal que están promoviendo? No. Pero fingen ignorarlo mientras, al mismo tiempo, lo usan en su propio beneficio. Sucio negocio.

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