«Odio que me llamen periodista comprometido»
«Odio que me llamen periodista comprometido. Soy un periodista. Ejerzo un oficio muy necesario para las sociedades, que sin buen periodismo se tornan fácilmente manipulables» dice Gerrvasio Sánchez, que lamenta, y cómo, la degradación de la profesión que ama en los últimos años y que él ejerce con radical independencia. «El periodismo ha caído en España a niveles deplorables», denuncia. «Hay basura en televisiones, radios y diarios. No se cuentan historias que interesan y se concede todo el tiempo, los recursos y la energía a los superfluo» se duele.
«La gran obligación del periodismo es vigilar al poder y contar lo que realmente ocurre. Ese es el verdadero compromiso del periodista. Si dejamos de hacer eso lo pagaremos muy caro advierte este informador empeñado en batallar contra el olvido y en rescatar la memoria sepultada de cioentos de miles de personas desaparecidas en conflictos bélicos y procesos de represión. Colaborador de medios como Heraldo de Aragón, La Vanguardia y Cadena Ser, lleva un cuarto de siglo cubriendo conflictos bélicos, especialmente en Latinoamérica, África y los Balcanes. Es autor de libros fotográficos como El Cerco de Sarajevo (1995), Vidas minadas (1997 y 2002), Kosovo, crónica de la deportación (1999), Niños de la guerra (2000), La caravana de la muerte. Las víctimas de Pinoche -™ (2002) y Latidos del tiempo ( 2004, junto al escultor Ricardo Calero). En 2001 coordinó, junto a Manuel Leguineche, el libro Los ojos de la guerra, en homenaje a Miguel Gil y en 2004 publicó el libro Salvar a los niños soldados. Desde 1998 es enviado especial por la paz de la Unesco.