El museo leonés que más suena en Asturias
Alfredo y Fernando Campelo dirigen en Avilés un museo con 500 instrumentos de música y 50 coches antiguos

Los hermanos leoneses Fernando y Alfredo Campelo montados en una Harley Davidson en su museo de Avil
A los leoneses Alfredo y Fernando Campelo, aparte de ser hermanos, les une su pasión por el coleccionismo. Hijos de un albañil que emigró a Avilés en los años cincuenta, estos dos promotores y constructores han creado el museo Alfercam -acrónimo de su nombre y apellido-, donde atesoran cerca de 500 instrumentos de música de los cinco continentes y medio centenar de motos antiguas y automóviles anteriores al año 1945.
A Alfredo, aparejador de 59 años, la pasión por la música se la inculcó el padre Ezcurra en su época de estudiante en los Agustinos de Valencia de Don Juan. «A todos los de mi generación nos hizo adorar la música», afirma. Pero recuerda que años antes, cuando tenía 9, su padre le regaló una armónica. Cuando cumplió los 15, «con una perrucas que reuní», cuenta, se compró su primera guitarra -”hoy en el museo-”. «Se me iban los ojos detrás de todos los instrumentos». Ahora es capaz de tocar, «no muy bien», cualquier flauta, el piano, el órgano y, por supuesto, la guitarra y la armónica. El padre de los Campelo, que comenzó de albañil en Avilés, pronto montó su propia constructora, un negocio familiar que ahora continúan sus hijos. Un empleo próspero que permitió a Alfredo comprar los primeros instrumentos musicales a los 18 años. No ha parado desde entonces.
Viaja por todo el mundo y busca en Internet y en anticuarios -“sobre todo de París, Londres y Amsterdam- nuevos objetos para su museo de Avilés, abierto al público en el año 2006. «La peor forma de comprar es en los viajes. Te enseñan instrumentos nuevos». Campelo, que no exhibe en el museo ningún instrumento repetido, prefiere los antiguos, que tengan su historia y hayan sido usados. Ahora tiene muchos contactos, que le avisan cuando localizan alguna pieza especial.
El instrumento más antiguo que puede verse en el museo Alfercam es un koto japonés, una especie de laúd con cuerdas de seda que tocaban las geishas. «Tiene su certificado. Es de 1850». Hay instrumentos exóticos, raros, antiguos-¦. Una colección que, curiosamente, tiene pocos visitantes leoneses. El propietario siente debilidad por un sasando de Timor Oriental, una especie de cítara que se toca como un arpa y tiene una caja de resonancia de hoja de palma que es retráctil. «Me tiré quince años para encontrarlo».
De los cinco continentes. Alfredo Campelo asegura que su museo es único en Europa por un sistema de audición inalámbrico, que permite escuchar todos y cada uno de los instrumentos que se exponen; aparte de información detallada de cada uno, su procedencia, historia y otros datos curiosos. «Una labor de chinos», que hace él mismo. «Tengo muchísima bibliografía de todos los instrumentos».
El museo de los Campelo permite contemplar desde el sarón, la ocarina y el tonque de Oceanía, a un shakudachi japonés, los africanos darkuba, mijwid y arqhoul, los americanos zampoña y quena, una strancia croata, así como una pequeña muestra de instrumentos leoneses: un pito, un rascador leonés, un tambor maragato y «unas castañuelas preciosas de mi abuelo», entre otros.
Aquellos locos cacharros. La pasión por los coches de Fernando Campelo también se remonta a su infancia. «A los 12 años ya cogía la Lambretta de mi padre», recuerda su hermano. «Después de tener un accidente se decantó por los coches». Ha logrado reunir desde un Ford de 1917 a alguna legendaria Harley Davidson con sidecar. «Este año mi hermano participó en el rally de coches antiguos de Luis del Olmo», explica con orgullo Alfredo.
El museo, por motivos de espacio, no puede albergar simultáneamente todos los coches que ha adquirido en los últimos años; por eso, la exposición va cambiando. Todos los espacios han sido ambientados y decorados de forma que trasladan al público a la época en la cual se utilizaban aquellos vehículos. Es un viaje en el tiempo, desde los primeros BMW a la emblemática marca británica Rolls Royce, junto a las routers europeas Zundapp y BSA.
El museo acoge motocicletas como la BMW R35 y BMW R47, así como la R75, construida especialmente para Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. Y es que el Alfercam también ha reservado un espacio a la automoción militar, con auténticas joyas del siglo pasado.
Música antigua. El museo de los hermanos Campelo es además un motor cultural en Avilés. Regularmente ofrecen conciertos en directo, como el que protagonizará el día 25 Rodrigo Jarabo, intérprete de instrumentos antiguos de cuerda pulsada y guitarra clásica, que en su recital tocará la tiorba, la vihuela y la guitarra barroca.
Asegura Alfredo Campelo que en visitar el museo -“que abre de miércoles a domingo y cuesta 3 euros- «se tarda tres horas si se quiere ver mínimamente». De momento, la mayoría de los visitantes proceden de Madrid y Barcelona. Un «tesoro» leonés al otro lado de Pajares-¦