Diario de León

Un torrente de emociones azules

El pintor leonés Nadir expone en el Auditorio Ciudad de León sus '30 Océanos'

Nadir ha llevado sus nuevas obras hasta el Auditorio.

Nadir ha llevado sus nuevas obras hasta el Auditorio.

Publicado por
Marcelino Cuevas | LEÓN
León

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¿Es Nadir un torero de la pintura? ¿Es su cabeza un inmenso ruedo lleno de colores en el que, como aguerrido gladiador, se enfrenta a los fantasmas de su imaginación? Desde luego lo que está claro es que no se trata de un artista al uso, de uno de esos pintores que evolucionan a ritmo de caracol dejando tras de sí una estela interminable y monótona de obras siempre predecibles. Nadir es cambiante, sorprendente, radical en sus planteamientos... y deliciosamente delicado a la hora de expresarse con los pinceles.

Sorprendió a todos hace solamente unos meses con las acuarelas que presentó en la galería Bernesga . Unos trabajos de formato pequeño pero plagados de historias, llenos de referencias culturales, henchidos de citas a la actualidad... y a la historia, al clasicismo y a la ciencia ficción. Nadir bebe directamente de sus maestros preferidos, se embriaga, disfrutando con gula y lujuria de los cuadros de Dalí, Magritte, Breton o Duchamp. Pero también del cómic, del manga y de todo lo que le rodea, de cualquier cosa que pueda aportarle colores o formas. Desde citas a la composición clásica y al movimiento de las galaxias hasta el universo infantil y divertido de los Pokemon. Todo lo absorbe en su mente de esponja y todo lo devuelve digerido y aumentado en sus lienzos.

Estos días ha desembarcado Nadir en el Auditorio Ciudad de León con un torrente de alucinaciones azules, con el tsunami de treinta estampas llenas de texturas, edificadas sobre un mágico oleaje de amores y desamores, sensaciones y emociones-¦ El artista ha necesitado treinta escenas para contar, en riguroso azul, el blue triste y decadente de sus frustraciones, de sus contradicciones-¦ y quizá también de sus renovadas ilusiones.

Pero en cada uno de estos treinta cuadros, en cada uno de estos 30 Océanos, como los llama, Nadir ha intentado dejar acta notarial de que la vida sigue, de que ángeles y monstruos siguen pasando incansables ante sus ojos. Que las hojas continúan cayendo, en un vuelo nostálgico e impreciso, de los viejos árboles, planeando como las ilusiones y posándose sobre la tierra húmeda de lágrimas como los fracasos.

Todo es importante para el alma del pintor, para la sensibilidad de un artista que se niega a cerrar los ojos, que quiere verlo y retratarlo todo, aunque a veces las emociones le desenfoquen el entorno, o las emociones deslumbren su mirada. Treinta cuadros: treinta confesiones, treinta arrepentimientos, treinta oraciones, treinta inyecciones en vena de amor, treinta imágines para olvidar, treinta gritos llamando a la nada... y un color, ese azul que se arremolina y se lanza como un torrente desbordado de emociones sobre los atónicos ojos del espectador.

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