Diario de León

El crítico británico Terry Eagleton da la razón de nuevo a Marx

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joaquín rábago | londres
León

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El conocido crítico británico Terry Eagleton da de nuevo la razón al autor de El Capital en un libro que acaba de publicarse en inglés y en el que se dedica a desmontar una tras otra las principales objeciones que se han hecho al pensamiento de Carlos Marx.

Por qué Marx tenía razón titula Eagleton casi con insolencia su libro (Yale University Press), en el que en un tono nada pedante, extraordinariamente ameno y en el que aflora una y otra vez la fina ironía inglesa, denuncia a quienes, tras la caída del muro de Berlín, se apresuraron a señalar al autor de El Manifiesto Comunista como el origen de todos los crímenes cometidos en nombre de la izquierda a lo largo del XX.

Marx no era infalible, reconoce Eagleton, pero tampoco puede afirmarse que el fundador del psicoanálisis, Freud, no se equivocara más de una vez en sus escritos.

Mayor humanidad. Eagleton humaniza al personaje y, mediante una cuidadosa selección de citas de su obra y de los datos biográficos que se conocen de él, le presenta al lector como alguien que nada tiene que ver con la interesada y despreciativa caricatura que han hecho muchos de él. Entre esas críticas interesadas, que se repiten hasta el hartazgo, las hay de todo tipo: que el marxismo está acabado porque ya no existe el mundo de las fábricas victorianas. Que el marxismo puede estar muy bien en teoría, pero cada vez que se ha puesto en práctica como en la Rusia bolchevique o en la China de Mao ha resultado en terror, tiranía y masacres. Que es un hecho que el individuo es egoísta y agresivo por naturaleza...

A todas esas y muchas otras objeciones da oportuna respuesta el autor que demuestra, citas en mano, cómo muchos de los reproches que se le hacen al marxismo, entre ellos el reduccionismo económico, son en realidad una caricatura y estarían mejor empleados para describir al actual capitalismo. Para Eagleton, el pensador se caracterizó siempre por una fe apasionada en el individuo, una profunda suspicacia hacia todo dogma abstracto y una gran hostilidad hacia el Estado. No fue tampoco Marx un fetichista de la producción material, su ideal era el ocio y no el estajanovismo, y también reconoció las conquistas de la edad burguesa.

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