Diario de León
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El invento del maligno. José Javier Esparza

Sorprendente programación cinematográfica de TVE-1 en las noches de jueves y viernes santos: Atila y Espartaco . Ya se sabe que la inercia de la tele en España es (era) dedicar la Semana Santa a las películas de romanos. Hace años se trataba de cintas vagamente relacionadas con la Pasión de Cristo, pero después bastó con que apareciera por ahí un centurión para que nuestros canales la emitieran en estos días. Ahora ya ni eso.

Hay, es verdad, canales que siguen respetando un poco el ambiente general. Por ejemplo, La 10 nos transportó al mundo de Teresa de Calcuta con La ciudad de la alegría , la recién nacida 13 TV -cadena confesional- ha prestado una atención casi monográfica a las procesiones e Intereconomía ha rescatado títulos clásicos del cine 'de toda la vida'. Esto está muy bien y hay que elogiarlo.

Las otras, las grandes, han decidido secularizar del todo su parrilla y ofrecer una programación entre lo convencional y lo vacacional, lo cual también está muy bien porque aclara el paisaje. Pero lo que ha hecho TVE-1 es francamente difícil de digerir, porque, por una parte, intenta seguir el viejo modelo 'peplum', pero al mismo tiempo extirpa por completo la Semana Santa de su parrilla. Y en una vuelta de tuerca aún más notable, TVE dedica La 2 a ofrecer numerosos contenidos propios de las celebraciones litúrgicas, en contradicción completa con la tónica de este canal en los últimos meses, que más bien ha consistido en fabricar una especie de surtidor ideológico en la línea de los que hoy gobiernan.

Es como si TVE quisiera seguir sacando rédito de una mina que ya ha abandonado. El caso es que ni Atila ni Espartaco , evidentemente, tienen nada que ver con la Semana Santa. Curiosamente, los grandes canales han prescindido de cosas tan llamativas como el acto de la Legión con el Cristo de la Buena Muerte en Málaga, donde fue posible ver -era el jueves por la mañana- a Antonio Banderas cantando el Novio de la muerte .

¿No había aquí espectáculo? Evidentemente, no. ¿Y por qué? Hombre, está claro: porque Antonio Banderas no iba vestido de romano.

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