TOROs. FERIA DE SAN ISIDRO
Talavante pone su nombre a la feria
SEBASTIÁN CASTELLA / JOSÉ MARÍA MANZANARES / ALEJANDRO TALAVANTE Plaza: Las Ventas. Decimoprimer festejo de feria. Lleno total. Ganadería: Cuatro toros de Toros de Parla

El diestro Alejandro Talavante, en un natural a uno de los astados que le tocó en suerte.
Excelentes con las banderillas Juan José Trujillo, Curro Javier y Luis Blázquez. Sólo dos errores de bulto cometió Talavante a la hora de firmar y rubricar su emocionantísima faena al sexto toro de Parladé: primero, abrochar con planas manoletinas lo que había sido un derroche de talento, temple y entrega; y, segundo, pretender recibir al toro con la espada a contraquerencia, que fue misión imposible porque el toro sólo se empleó a favor de querencia. De la tercera manoletina Talavante salió arrollado y volteado, y solo la providencia evitó un percance. La plaza llevaba volcada y rugiendo un buen rato, porque, a borbotones, inmensa llamarada, de gran tensión y muy valerosa, la faena había puesto de acuerdo al cónclave entero: todo era de verdad
La decisión de citar en contraquerencia -Talavante de cara a chiqueros y dando afueras al toro- fue un puro sinsentido. El toro no vino metido y no entró la espada. Un pinchazo escupido. Luego, atracándose ciegamente, y en el mismo sitio, Talavante cobró una estocada de las de dejarse la piel. Trasera y defectuosa. Herido de muerte, el toro tomó el rumbo de tablas y vino a indicarle a Talavante el sitio preciso donde pudieron haberse coronado la obra y el gesto. Al otro lado de la puerta de chiqueros. Un aviso antes de cuadrar Talavante al toro. Otro justo cuando el toro iba a rodar al primer golpe de verduguillo. Volaron las dos orejas de premio cabal.
Los mercados taurinos miden sin el menor pudor la torería por orejas y puertas menores o mayores pero grandes, y Talavante se quedó sin poder abrir por segunda vez en la feria la de Madrid. Una feria a la que ha puesto su nombre. No sólo Talavante. También Manzanares, que pudo sentir esta vez más que nunca el llamado peso de la púrpura, que en Madrid se paga, salvo excepciones, a precio de mercado negro. Una inmensa mayoría con Manzanares: no hacía falta olfato de sabueso para detectarlo. Los que sintieron que había poco toro -entre ellos, los iconoclastas- estuvieron friendo a Manzanares. No demasiado. Lo justo como para ponerle a prueba los nervios No lo reventaron. Pudieron más los partidarios que los detractores y aquéllos jalearon casi con igual fuerza la paja y el grano de dos faenas de caro nivel pero de fondo, inteligencia y logros desiguales. Talavante pudo trabajar con bastante más tranquilidad que Manzanares. Pero no le cogió el aire a un tercer toro ensillado del hierro de Parladé -tercero de la tarde- que, castigado con más de un miau y justo de gas después de emplearse en el caballo, tuvo bondad. Firme toda la tarde, Talavante se lo sacó al tercio, pero, excesivamente montada la muleta, al toreo con la diestra le faltó el vuelo que pedía el toro. Con su mano buena, que es la izquierda, Talavante pecó de torear por fuera. O de haberse puesto demasiado tarde. La faena fue, además, muy premiosa. Ese aire premioso que Manzanares y su cuadrilla imponen como una liturgia algo amanerada parecía haberse contagiado. Talavante rompió los moldes con el sexto. Los propios -de nuevo Talavante ajeno a modelos, como la tarde del pasado martes.- y los ajenos: no más liturgia que la de meterle mano a un toro encastado de Parladé, que tuvo su parte violenta pero también su entrega y su ritmo. En su querencia, como tantos y casi todos. Fue el más serio de la corrida. No el más armado, pero sí el más hondo
Talavante, que se había estirado en el saludo con cinco mandiles y un remate de media muy vertical, corta y ligera, se dejó crudo de dos picotazos sin sangre ese toro que iba a encumbrarlo.
A quien no perdonaron fue a Castella, agraciado en el cuarto con una oreja de petición no mayoritaria pero tras una faena de firmeza, de buen temple por las dos manos, abuso del toreo cambiado en circular, un intento discreto de trenza Ojeda, verticales giros de talón en las series ligadas. Y una estocada tendida a paso de banderillas.
Todos los triunfos llegaron en la segunda mitad de corrida. En la primera la tomaron con los toros de Parladé.