León

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El cantante de la voz cavernosa, el inimitable Leonard Cohen, iniciaba en León el 31 de julio del 2009 la gira Live in London, que le devolvía a los escenarios tras un largo parón. El regreso fue forzado, tras la sonada estafa que sufrió el cantante de la mano de su manager y amante esporádica. Kelly Lynch, quien durante más de 17 años representó al canadiense, le dejo prácticamente en la bancarrota al sustraer cinco millones de dólares de la cuenta corriente que el artista tenía reservada para su jubilación. Con el corazón roto y la hucha vacía, Leonard Cohen, el cantante que siempre viste de negro, retomaba su carrera musical. Y el público en León gritó -˜ Hallelujah: Cohen está aquí-™. Miles de personas abarrotaron la Plaza de Toros. Resistió casi tres horas sobre el escenario. Apoteósico. Cinco años antes, otro cantautor y poeta, también Príncipe de Asturias de las Letras, el gran Bob Dylan, le había abierto el camino en León. Y como Cohen es de esa clase de artistas que se desnuda sobre el escenario, en León compartió con el público sus himnos legendarios y narró cómo una época de sueños desbocados le llevó a aventurarse en el mundo de la religión y la filosofía, del Prozac y las drogas.

El maestro de la melancolía, que, según el jurado del Premio Príncipe de Asturias «cuenta la vida como una balada interminable», decía en la película I-™m Your Man (Soy tu hombre): «No soy una persona nostálgica que mire el pasado, así que no tengo remordimientos ni nada por qué felicitarme. Vi que las cosas son mucho más fáciles cuando ya no esperas ninguna victoria...». Terrible. Magistral. Irrepetible. Así es el poeta de Suzanne o So Long Marianne. El cantante, que en septiembre cumplirá 77 años, ha hecho soñar a varias generaciones. Y sigue...

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