La pasión malgache de un paramés
El cineasta Manolo González siguió hasta Madagascar la pista del misionero Basilio Vallejo, paisano suyo, con un documental que denuncia las difíciles condiciones de vida que imperan en la gran isla africana

Manolo González, con la camiseta de la selección, grabando parte de su documental sobre Madagascar.
De Manolo González (Laguna de Negrillos, 1967) conocíamos un documental premiado hasta en 23 ocasiones, el estremecedor Manolo Recicla ; y un primer largo, Propios y extraños , lleno de rostros conocidos, pero este inquieto paramés maneja a la vez muchos proyectos diferentes que, poco a poco, comienzan a ver la luz. El que ya está prácticamente ultimado es el que lleva por título provisional Misión malgache , donde el cineasta leonés ha seguido la pista de un paisano suyo, Basilio Vallejo, que fue misionero en Madagascar durante 25 años.
«También quería conocer otra realidad -"explica Manolo González-", la de millones de personas que viven con menos de un euro al día, la de gente que al levantarse no sabe si comerá ese día y que no puede pensar más allá del presente, pues el futuro les queda muy lejos. Quería conocer todo esto para intentar poner en perspectiva lo que nos sucede aquí».
Su primer impulso en realidad fue el de descubrir en la gran isla africana las huellas de un paisano suyo, el padre Basilio Vallejo, persona entregada al servicio a los demás y muy querida por la comunidad en la que trabajaba por sus constantes desvelos humanitarios y su afán de mediación y resolución pacífica de conflictos. «Curiosamente, Basilio había ido a Madagascar siguiendo los pasos de un tío abuelo, monseñor Ángel Martínez, quien a finales de los sesenta se convirtió en el primer obispo de una nueva diócesis, la de Tsiroanomandidy, donde construyó una catedral», relata Manolo González, quien añade que hoy el actual obispo «es un vallisoletano compañero de promoción de Basilio, Gustavo Bombín... juntos habían viajado allí a mediados de los ochenta».
Actualmente, un grupo de castellanos y leoneses, amigos y ex compañeros de los anteriores, han formado una asociación, Defhi, para ayudar a continuar la obra de estos trinitarios. «Han construido una residencia para niñas madre que han dejado los estudios. Cuando me enteré de que un grupo de ellos viajaba desde aquí para equipar la residencia con paneles solares, decidí que debía ir con el grupo e involucrarme. Ellos volvieron al cabo de diez días y yo me quedé siete semanas», declara el realizador paramés.
Sobre la situación del país, a González le recordó en muchos aspectos «a la España rural de hace 80 ó 100 años... en algunos barrios de las ciudades no hay electricidad ni sistemas de alcantarillado... Tampoco hay carreteras y las que hay son como una comarcal de las de aquí. El resto del país está comunicado por caminos que en época de lluvias se convierten en barrizales imposibles».
En el documental se alzan como protagonistas, por sí sólos, los niños, los muchos niños: «No dejaba de sorprenderme la cantidad de ellos que había por todas partes. Llegas a una aldea perdida a la que sólo se puede acceder en moto o 4 x 4 y si hay 3.000 habitantes, 2.000 son niños. Se ven muy poquitos ancianos. Es una situación inversa a la de España». El cineasta comprobó que muchos de esos niños no van a la escuela, pues desde pequeños han de ayudar a sus padres a cuidar el ganado y hacer el resto de tareas. «Tampoco hay escuelas para todos ellos, y es gracias a ong-™s y a misioneros como el padre Basilio que se van construyendo escuelas en zonas rurales prácticamente aisladas», expresa el galardonado autor, reflexionando al mismo tiempo que toda esa gente, «aunque estudie, ¿qué van a hacer dentro de diez años? Allí no hay empleo de ningún tipo, no hay inversión extranjera, no veo que aquello vaya a mejorar en mucho mucho tiempo, es un país completamente aislado del resto del mundo».
González relata una de las muchas anécdotas que vivió durante su estancia en la isla, como cuando, de camino bajo la lluvia a la localidad de Maintirano, una serie de vehículos atollados les impidió el paso. «Estábamos junto a una aldea de casas de madera y allí debíamos pasar la noche. No había electricidad, ni mucho menos una televisión... una lástima, porque era el día de la vuelta de Champions entre el Barça y el Madrid. Cuando entré todos se rieron al verme lleno de barro. Tuve que dormir en el suelo, todo mojado y rodeado de gente que hablaba, roncaba... gallos que cantan, perros que ladran, bebés que lloran... además hacia frío, y el colmo ya fue cuando uno que dormía sentado detrás de mí golpeó su cabeza contra mi cara. Yo pensé que me iban a robar pero sólo era que se había caído».
Misión malgache durará cerca de una hora y Televisión Castilla y León ha colaborado en su producción, indica González, por lo que el estreno tendrá lugar, en torno al otoño, en esta cadena. «Me gustaría hacer algo por este país. Sé que será poco, pero, como dijo una vez Teresa de Calcuta, -˜si una gota faltase, el océano carecería de algo-™».