Diario de León

Una vida y mil años de recuerdos

La cultura y la política despiden a Jorge Semprún elogiando su compromiso y su lucidez para denunciar los totalitarismos y la barbarie que padeció en carne propia

Jorge Semprún en un discurso para conmemorar la liberación del campo de concentración de Buchenwald.

Jorge Semprún en un discurso para conmemorar la liberación del campo de concentración de Buchenwald.

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miguel lorenci | madrid
León

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Con veinte años Jorge Semprún (Madrid 1923) fue apresado por la Gestapo y enviado a campo de exterminio de Buchenwald. Fue señalado con el número 44.904, una matrícula indeleble y principio de una experiencia terrible que marcaría su vida y su obra. Sobrevivió Semprún a aquel infierno en la tierra y fue liberado en 1945. Necesitó dos décadas de «amnesia deliberada» para abordar aquella pavorosa experiencia desde la literatura. Nunca dejó de preguntarse cómo podría explicarse y explicar aquel intenso «olor a carne quemada» que emanaba de los crematorios. Su obra es un intento de conjurar aquel horror, como él mismo explicó en su regreso al campo de exterminio cuando se cumplían 65 años de su liberación y sabía que la muerte lo acechaba, que el final estaba a la vuelta de la esquina. La enfermedad doblegó en la noche del martes, con 87 años, al lúcido y memorioso testigo de un siglo terrible. Al superviviente y resistente anti nazi, al disconforme militante comunista, al clandestino y múltiple Federico Sánchez, al rebelde que abominó del estalinismo, al guionista que construyó el armazón del cine político y comprometido, al intelectual molesto, al europeísta de primera hornada, al político que reclamó en la democracia Felipe González y que se marchó decepcionado y con cajas destempladas, al republicano que quiso despedirse del rey, y al escritor que brilló en las lenguas de Molière y Cervantes. Un Semprún que tuvo como patria primero el horror y luego el lenguaje, no el español o el francés, sino «la necesidad de comunicación que está en nuestra naturaleza humana».

Elogio unánime. Rara vez la figura de un político e intelectual suscita el elogio unánime que Jorge Semprún Maura cosechó en su último adiós. Todo el espectro político alabó su compromiso intelectual y su lucidez para denunciar los totalitarismos y la barbarie del siglo XX que padeció en carne propia y que dio pie a una de las grandes obras memorialísticas contemporáneas. Tanto en Francia como en España políticos e intelectuales de todo signo glosaron su insobornable independencia y sus logros literarios que pervivirán en su legado. Tanto el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero como su colega Nicolás Sarkozy elogiaron la figura y la obra del testigo privilegiado de un siglo terrible. Un resistente que sobrevivió a la barbarie para vacunarnos contra ella en una obra de singular altura. Los restos mortales de Jorge Semprún recibirán sepultura este domingo en una ceremonia laica, en la localidad de Garentreville, donde la familia de su esposa posee un panteón. No se cumplirá su deseo de ser enterrado en Biriatou expresado por su -˜alter ego-™, Federico Sánchez, en Adiós, luz de veranos donde aspiraba a ser enterrado «con mi cuerpo envuelto en la bandera tricolor (rojo, gualda, morado) de la República». Al sepelio y las honras fúnebres acudirá en representación del Gobierno español la ministra de Cultura, Ángeles González- Sinde, titular de la cartera que el propio Semprún ocupó entre 1988 y 1991. Arriba y debajo de los Pirineos políticos, escritores, cineastas, artistas e intelectuales recordaron el talante democrático y comprometido con la libertad de Semprún.

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