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Entrevista | rose byrne | actriz

«Cualquiera puede hacer una película»

La actriz australiana Rose Byrne.

La actriz australiana Rose Byrne.

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angélica martínez | los ángeles
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Rose Byrne se ha convertido en uno de los rostros más habituales del cine y la televisión. Esta australiana de Balmain, una zona metropolitana de Sidney, se dio a conocer en su país con la serie Echo Point. Después de dar el salto a Estados Unidos, trabajó con Juan Carlos Fresnadillo en 28 semanas después, aunque su gran éxito le llegó con Daños y perjuicios. En esta serie de abogados, corrupción y altas esferas, Byrne le da la réplica a la gran Glenn Close. Su trabajo le ha abierto las puertas de Hollywood y acumula para este año tres estrenos. El primero fue la semana pasada, la superproducción X-Men. Primera generación, donde se convirtió en un agente de la CIA que ayuda a los mutantes. La segunda cinta llega esta semana: la película de terror Insidious, dirigida por James Wan y en donde Byrne comparte cartel con Patrick Wilson; y a finales de agosto volverá con La boda de mi mejor amiga. La película, producida por Judd Appatow, es la versión femenina de Resacón en Las Vegas.

-Estrena este año tres películas muy diferentes. La primera fue la precuela de -X-Men-, donde hace de espía. Y ahora, en -Insidious-, se apunta a una de miedo. ¿Cómo fue el rodaje?

-Disfruto con las películas de miedo y el rodaje fue divertido. Me encantó profundizar en la historia, el viajar a otra dimensión paranormal. Toda la historia de Insidious me pareció bastante extraña, rara, como una mala pesadilla.

-En cambio, -La boda de mi mejor amiga- es una de las comedias más esperadas del año.

-Llevaba tiempo buscando una buena comedia, hasta que leí el guión. No podía creerlo. Era sensacional. Los personajes, aunque parezca mentira, son muy reales porque Kristen Wiig (guionista) quería representar con humor todos los rituales previos a una boda.

-Usted es australiana. Parece que los actores de su país han tomado Holywood.

-Es salvaje. Cuando yo vine por primera vez a Los Ángeles hace diez años no había tantos australianos. Éramos una docena. Actrices como Toni Collette, Rachel Griffiths, Naomi Watts o Nicole Kidman nos abrieron las puertas. Solo espero que ahora nuestro trabajo inspire a más actores australianos a venir a Hollywood a trabajar.

-¿Le costó dejar Australia?

-Una barbaridad. Es algo que me ha costado muchísimo. Dejar a la familia, los amigos de Sídney.

-¿Qué ha aprendido durante estos años en Hollywood?

-A esperar (risas). Es importante mantenerse alerta, no dejarse vencer por la frustración de la espera, necesitamos controlar al actor que llevamos dentro y distraerlo con otras inquietudes. Por eso me fui de Los Ángeles. Todo gira en torno a la industria del cine y es prácticamente imposible conocer a alguien que no esté relacionada el trabajo.

-¿Ha pensado en dirigir o producir películas?

-Me encantaría desarrollar un proyecto, un documental. Dirigir no porque no me atrae mucho pero sí producir. Vivimos en una época en la que tenemos que pensar en este trabajo como un negocio porque cualquiera puede hacer una película. Se ha convertido en una industria tan competitiva que es necesario diversificar, hasta para los actores.

-¿Cómo lleva con la fama?

-En Estados Unidos nadie me reconoce. Solo los seguidores de la serie me saludan. Y la mayoría vive en Nueva York (risas).

-Ahora que vuelve a rodar -Daños y perjuicios- con Glenn Close ¿Qué le sorprendió de ella?

-"Actores como Glen, o Nicolás Cage, Brad Pitt, o Josh Harnett, con los que he trabajado, tienen en común una cosa: una pasión enorme por su profesión y una ética de trabajo excepcional. Me llama mucho la atención su entrega, su dedicación. No porque sean actores famosos, sino porque alguien como Glenn, que ha estado nominada a muchos premios, todavía siente ilusión de darse al cien por cien.

-Close intimida en su personaje. ¿Cómo fue su primer encuentro con ella?

Estaba muy nerviosa porque es una artista a quien siempre he admirado, pero al mismo tiempo es una mujer muy dulce.

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