Entrevista | ismael fernández de la cuesta | director del curso de interpretación
«Confío en que este curso de León relance el gregoriano y el mozárabe»
Es vicedirector de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y hace 14 años que contribuyó al renacer del gregoriano en todo el mundo merced a un cedé grab

El académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Ismael F. de la Cuesta.
Afirma que la música occidental no existiría sin el gregoriano ni el mozárabe. Y precisamente en León «se han conservado mejor una serie de tradiciones orales, de códices, monumentos... un patrimonio realmente extraordinario» que se antojó «como la mejor sede para albergar este curso».
-Curso que concluirá mañana con una audición. ¿En qué va a consistir?
-En unas vísperas de la Virgen. Será el fruto del trabajo realizado durante estos días. Tendrá un carácter familiar porque los alumnos no son profesionales y hablamos de una música extraordinariamente difícil que no se puede improvisar, hace falta tener un hábito importante. La materia es pequeña y sin embargo los resultados que se pueden obtener son grandes, y eso es el arte. Intentaremos además introducir alguna obra mozárabe. Conviene recordar que las personas que han acudido al curso ya están habituadas a cantar pero no este tipo de música.
-¿Qué frutos espera recibir como director?
-Confío en que desde León se produzca un relanzamiento de este tipo de música.
-Qué tienen en común ambos estilos?
-En realidad son repertorios diversos. En cuanto al resultado práctico no se va a distinguir qué es uno de otro. Lo que nos ha llegado a nosotros de este tipo de música son manuscritos que recrean melodías más o menos similares.
-¿Están en auge en España ahora mismo?
- En España y en todo el mundo. Es extraordinario lo que ha pasado con el gregoriano desde 1994 a raíz del cedé que yo había grabado con los Monjes de Santo Domingo de Silos. Aquello fue maravilloso. Eso produjo que el gran público tenga acceso y aprecio hacia esta música que hasta entonces estaba reducida al ámbito de la Iglesia.
-¿Dónde radica la verdadera importancia de las clases teóricas y prácticas de este curso?
-Con el repertorio que vamos a escuchar estos días en el curso se desarrolló toda la tecnología de la música occidental. Es curioso porque no son estilos anteriores al siglo I, hay otras culturas anteriores pero no con tanta fuerza. Es el cristianismo el que impulsa el gregoriano durante el siglo I. A partir del año mil se produjo una eclosión tecnológica donde nace la polifonía, la escritura musical... que provienen del gregoriano. El mozárabe fue igual de importante pero quedó suprimido en la segunda mitad del siglo XI en España por la expulsión de los musulmanes.
-Invierten las instituciones españolas en la cultura?
-En España además de la burbuja inmobiliaria existe una burbuja cultural que consiste en invertir en aire. Sólo importa lo mediático, hay una gran volatilidad. En la música quizá se note menos porque es un arte efímero.
-¿Quién o quiénes son los culpables?
Todos. No invertimos en renta fija, sino en variable. ¿Dónde están los valores sólidos? Pues por ejemplo en el gregoriano, que es la madre del cordero. No habría Bach ni Mozart sin gregoriano. Ellos han mamado esa música. Por eso en este curso iremos a lo sólido para que la cultura sea de oro puro.
-¿Estamos al mismo nivel musical que otros países?
-Rotundamente sí. Tenemos un complejo de inferioridad que no nos merecemos. Es cierto que la educación en España deja mucho que desear y que la cultura tiene menos apoyos sociales que en otros sitios. En Alemania todos los miembros de una familia tocan algún instrumento, aquí no. Que en la educación general la música no tenga más peso es un drama. No la consideramos una herramienta tan necesaria como la propia escritura, ahí radica el error.
-¿Qué le queda por hacer?
Terminar La Catedral Sonora , un libro al que acompañará un cedé con la música de las catedrales del siglo XIII. Refleja cómo nace la cultura occidental en las catedrales. La de León, por supuesto, está presente, porque es una maravilla, muy pura, un privilegio para el leonés que además tiene un contrapunto perfecto con la Colegiata de San Isidoro, dos emblemas únicos en el mundo.